Desde agosto de 2024, las universidades peruanas pueden ofrecer programas de pregrado cuya modalidad a distancia comprenda hasta el 100 % de los créditos académicos, a partir de la Ley N.° 32105. La norma amplía las posibilidades de acceso para quienes viven lejos de los centros urbanos, trabajan o tienen responsabilidades familiares. Sin embargo, estudiar desde cualquier lugar no significa recibir una educación de calidad necesariamente. La apertura normativa exige entender la virtualidad como una forma distinta de organizar el aprendizaje.
Esta diferencia quedó expuesta durante la pandemia, cuando las instituciones tuvieron que sostener la continuidad educativa mediante la enseñanza remota de emergencia. Manuel Area-Moreira (FLACSO, 2021) ha señalado que aquella experiencia permitió responder a una situación excepcional, pero también mostró los límites de trasladar prácticas presenciales al entorno digital sin replantear su sentido pedagógico. Por ello, una educación virtual de calidad requiere experiencias en las que el estudiante resuelva problemas, analice situaciones y trabaje con otros, mientras el docente acompaña el aprendizaje.
Este cambio también modifica la evaluación. Si el propósito de una asignatura es desarrollar una competencia, el diseño debe partir del resultado de aprendizaje esperado y conducir hacia experiencias que permitan demostrarlo mediante evidencias, criterios y retroalimentación. Una calificación global ofrece poca información sobre ese proceso. Dos estudiantes pueden obtener 14 y, sin embargo, uno puede tener dificultades para argumentar mientras el otro no logra seleccionar evidencia pertinente. Una rúbrica permite reconocer esa diferencia y comprender qué necesita aprender cada uno.
La autonomía que ofrece la virtualidad exige también aprender a gestionarla. Esta nos permite avanzar a ritmos distintos, revisar contenidos y dedicar más tiempo a aquello que presenta mayor dificultad. Al mismo tiempo, la abundancia de información puede favorecer una lectura fragmentada y una búsqueda rápida de respuestas si las actividades no exigen elaboración, recuperación, argumentación y reflexión. Broadbent y Poon (2015) encontraron una relación entre el desempeño académico en línea y estrategias como la gestión del tiempo, la metacognición, la regulación del esfuerzo y el pensamiento crítico.
En este punto, los datos y la inteligencia artificial pueden ayudar a comprender mejor el aprendizaje, siempre que se utilicen como herramientas para la decisión pedagógica y no como sustitutos del docente. Una plataforma puede registrar notas, asistencia y tiempo de conexión, pero también evidencias vinculadas con competencias, errores recurrentes y evolución del desempeño. Con esa información, la IA puede identificar patrones que una calificación no revela, como un grupo que comprende un concepto, pero tiene dificultades para aplicarlo, o estudiantes que mantienen una brecha en argumentación. Su valor reside en convertir datos dispersos en información que permita intervenir con mayor precisión.
Esta capacidad permite una personalización viable. No es necesario construir treinta clases distintas para treinta estudiantes, sino identificar necesidades comunes y utilizar los espacios de asesoría para responder a ellas, mientras la experiencia académica compartida mantiene una base común. Un grupo puede requerir apoyo para utilizar evidencia, otro para argumentar y otro para aplicar lo aprendido. Así, personalizar significa saber quién necesita qué y utilizar mejor el tiempo de acompañamiento, una cuestión relevante cuando la educación virtual busca ampliar oportunidades sin convertir la distancia en una nueva forma de desigualdad.
Todo esto exige criterios académicos claros, datos de calidad, sistemas interoperables, protección de la información, y transparencia sobre el uso de la inteligencia artificial. La expansión de la educación virtual puede ampliar el acceso a la educación superior en el Perú, pero su verdadero valor dependerá de que las instituciones utilicen la tecnología para comprender mejor cómo aprenden sus estudiantes y diseñar experiencias que permitan aprender con profundidad.