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Dos días atrás, la ONPE realizó el sorteo público para definir a los más de 800 mil peruanos que integrarán las mesas de sufragio durante los comicios del 12 de abril. Es cierto que todavía debe transcurrir un período de tachas que podría suponer la descalificación de alguno de los escogidos por presentar alguna de las incompatibilidades sancionadas por la legislación electoral (como la de ser personero de una organización política, por ejemplo), pero también es evidente que estos casos son excepcionales y que, en ese sentido, la gran mayoría de los sorteados deberá cumplir en poco más de dos meses la enorme responsabilidad cívica que les ha sido encomendada.
Y esto último no es una afirmación exagerada. Más de 700 mil electores serán miembros de mesa por primera vez y a ellos les tocará conducir la que será la elección más compleja que ha tenido el país en muchísimo tiempo con 38 organizaciones políticas en disputa, una cédula que tendrá cinco columnas de cargos para elegir (cuatro de ellas con voto preferencial), un Congreso que volverá a la bicameralidad tras más de 30 años, un Senado que se elegirá mediante dos modalidades distintas (una mitad por distrito electoral múltiple y la otra, por distrito único nacional) y más de ocho mil candidatos inscritos. A ello, además, habría que añadir el nuevo proceso de recuento de votos implementado por este Legislativo y el hecho de que el gran número de postulantes podría dispersar el sufragio hasta el punto de que un puñado de votos termine definiendo quién entra o no al próximo Parlamento.
Todo ello supone, pues, un desafío enorme para quienes ocuparán las mesas de sufragio. Por ello, es pertinente que la ONPE los capacite de manera adecuada ante una serie de eventualidades y confusiones que podrían desatarse en la jornada electoral. Por ello, también, es importante que esta vez reciban un pago (de S/160) por su labor. Se trata de un reconocimiento justo que este Diario venía pidiendo desde hace mucho, debido a que varios de ellos incluso dejan de trabajar durante la jornada electoral o abandonan otras labores (como cuidar a familiares) para cumplir su deber cívico. Un desembolso que, como dijimos en su momento, no representa un gasto, sino una inversión en nuestra democracia.
Por último, es importante que los electores valoren también la labor de los miembros de mesa. Seguir sus indicaciones y tratarlos con paciencia y respeto durante la jornada electoral es ya una manera de apoyar a quienes serán pieza clave de estas elecciones.

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