La economía peruana podría enfrentar pronto una combinación de factores que merece atención, según advirtió el exministro de Economía Waldo Mendoza. Tres ‘shocks’ relevantes –el impacto potencial de El Niño costero, el incremento del precio del petróleo por las tensiones en Medio Oriente y la interrupción temporal del transporte del gas desde Camisea– podrían generar presiones inflacionarias cuando la recuperación económica aún es frágil.
El Niño costero suele afectar directamente la economía. Cuando las lluvias intensas o inundaciones dañan comunidades, carreteras, puentes y zonas agrícolas, se interrumpe la logística de transporte y disminuye la oferta de alimentos. El resultado suele ser inmediato: aumento en los precios de productos básicos en los mercados. La experiencia de episodios anteriores muestra que los alimentos acaban siendo uno de los principales motores de la inflación en estos contextos.
A ese factor climático se suma el encarecimiento del petróleo por la incertidumbre ocasionada por el conflicto en Medio Oriente. Para un país importador de combustibles como el Perú, el aumento del precio del barril de petróleo se traslada rápidamente a los costos de transporte, producción y distribución. Cuando el diésel y gasolinas suben, el impacto se extiende a toda la cadena productiva.
El tercer elemento que añade presión es la interrupción temporal del transporte de gas de Camisea, que abastece una parte importante de la generación eléctrica y diversas industrias y hogares del país. Cuando este suministro se reduce o se detiene, el sistema energético suele recurrir a combustibles alternativos más costosos, como el diésel, lo que incrementa los costos de generación eléctrica y producción industrial.
La coincidencia nefasta de esos factores podría generar lo que los economistas denominan un ‘shock’ de oferta: aumento de precios acompañado de una desaceleración de la actividad económica. En escenarios extremos, puede derivar en estanflación, situación compleja para la política económica porque las herramientas tradicionales pierden eficacia.
En este contexto, el reto para las autoridades será evitar que estos ‘shocks’ temporales se traduzcan en un proceso inflacionario más persistente. Instrumentos como el fondo de estabilización de combustibles, una rápida recuperación de la infraestructura energética y medidas que mitiguen y reduzcan el impacto en la cadena de provisión de alimentos pueden ayudar a contener efectos más severos.
El Perú ha demostrado resistencia frente a choques externos y climáticos. Sin embargo, cuando varios factores adversos coinciden, la prudencia macroeconómica y la rapidez en la respuesta de política pública se vuelven fundamentales para evitar que un problema excepcional termine afectando la estabilidad económica de la que nos jactamos hace muchos años.
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