Los liberales creemos que es imposible que el Estado tenga el conocimiento que el mercado tiene. Así como el mercado tiene un conocimiento disperso que el Estado no puede centralizar, podemos preguntarnos si es posible que el propio aparato estatal tenga un conocimiento interno disperso que ni siquiera los políticos que llegan a dirigirlo logran centralizar del todo.
Los liberales creemos que es imposible que el Estado tenga el conocimiento que el mercado tiene. Así como el mercado tiene un conocimiento disperso que el Estado no puede centralizar, podemos preguntarnos si es posible que el propio aparato estatal tenga un conocimiento interno disperso que ni siquiera los políticos que llegan a dirigirlo logran centralizar del todo.
De ahí que me haga la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto los políticos que llegan al poder pueden tener toda la información necesaria, primero, para comprender todo el entramado estatal y, segundo, para saber qué cambiar? Si bien los burócratas pueden ayudar a los políticos de turno a navegar el complicado entramado estatal, quizá no tengan la creatividad –característica del sector privado– para idear que debe verse distinto.
Comento todo esto a propósito de una frase o concepto que se repite mucho en ciertos medios de comunicación: “Keiko Fujimori se preparó 20 años para gobernar, y ahora demuestra que no supo nada, que improvisa”. Quizás el fujimorismo debe ser aquella fuerza política que tenga mayor conocimiento sobre el entramado estatal y sobre cómo se manejan los entretelones del poder. ¿Por qué, entonces, se percibe ahora cierta improvisación gubernamental o señales de idas y retrocesos?
Para dar un ejemplo: el ministro de Economía señalaba que se podía evaluar la fusión de ciertos ministerios o competencias ministeriales. Luego, el ministro de Agricultura salió a rechazar el tema y dijo que eso no está en agenda. ¿Cuál es, entonces, la posición real del gobierno, o quién tiene más autoridad? ¿Por qué se están dando estos mensajes cruzados? ¿Será que los ministros están tomando iniciativas comunicacionales por su cuenta? ¿O es que el gobierno les teme mucho a las represalias de sus detractores más duros –la izquierda– y, por lo tanto, se ve en la necesidad de “ceder” ante un punto de la agenda relevante para una parte de la derecha política que no esperaba mucho de este gobierno, pero que tampoco se ve inclinada inmediatamente a ser una oposición militante?
Es así que nos preguntamos: ¿es posible que un partido que se preparó 20 años para llegar al poder pueda no tener suficiente información “centralizada” sobre el aparato estatal y las dinámicas de poder en el Ejecutivo, lo cual explica la falta de decisión sobre ciertas medidas? ¿Hasta qué punto se pueden pasar por agua tibia estos anuncios mixtos? Es decir, ¿hasta cuándo el gobierno puede sostener un nivel de popularidad alto con estas idas y venidas? Estamos muy acostumbrados a pensar en gobiernos que duran muy poco, pero este, con gran certeza, durará cinco años. ¿Cuándo terminará el proceso de aprendizaje? ¿O es que el proceso de aprendizaje no acaba nunca en un Estado monstruoso, ineficiente e incompetente, producto de sucesivos gobiernos y políticos que pensaban que iban en una dirección, pero en realidad no iban a ninguna? De todos modos, el asunto de reducir el tamaño del Estado es impostergable y urgente. La calma de quienes votaron por el fujimorismo también conlleva la tensión de expectativas potencialmente incumplidas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.