Todo tiene su final

“La destitución de Boluarte no resulta una alternativa descabellada una vez que los congresistas ya colmaron sus expectativas desde las reformistas hasta las más materiales”.

    Carlos Meléndez
    Por

    PhD en Ciencia Política

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    ilustración: Victor Aguilar Rúa
    ilustración: Victor Aguilar Rúa

    ¿Cuándo retomamos el rumbo del país? Para algunos, toca esperar a los resultados del 2026 que, como sabemos, serán un albur. “No estamos para más inestabilidad”, según los defensores del ‘statu quo’. “Basta con tanto presidente interino”, sustentan. Efectivamente, el vaivén de inquilinos palaciegos desde el 2016 nos quita seriedad ante la comunidad internacional, como tantas otras estadísticas. Sin embargo, este gobierno es una mochila –más que pesada– para quienes la soportan: desde su inicio represivo (con más de 40 civiles asesinados por fuerzas del orden) hasta la reconfirmación de que tantos planes de reactivación, programas con “punche”, fotitos en Palacio, y Salardi han sido solo una gran mecida. El país ha llegado a un punto de inseguridad inédito y la gestión pública se ha degradado a niveles paupérrimos. Los sectores donde recae el potencial para la inversión pública (Transportes y Comunicaciones) y eran consideradas islas de eficiencia (Legado) estarían ahora controlados por mercachifles que convierten cada licitación en un negociado. Un año más de este gobierno significa que esta tendencia negativa se va a consolidar al punto de ser irreversible. ¿Estamos dispuestos a normalizar la mediocridad en aras de una gobernabilidad chicha?

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