El 12 de abril, alrededor de 27 millones de peruanos elegirán a las máximas autoridades del Ejecutivo, a los representantes de las cámaras de diputados y senadores, y al Parlamento Andino. Los organismos electorales califican estas elecciones como sumamente complejas por la gran cantidad de postulantes presidenciales (36) y por el retorno a la bicameralidad, que suma más de 4.700 candidatos al Legislativo. A esto se añaden el desinterés y la indecisión que acusan las encuestas, convertidas en el actual termómetro electoral.
En este panorama, surge una voz fresca y colectiva diciendo “Vota por mí”. Es la voz de adolescentes de costa, sierra y selva recordándoles a las agrupaciones políticas que sus demandas requieren soluciones colocadas en blanco y negro en sus planes de gobierno. Los chicos cumplieron su tarea: tocaron las puertas de las agrupaciones para compartir su decálogo. Para Unicef, que en alianza con El Comercio acompaña esta movida, es satisfactorio comprobar que el 100% de los grandes problemas de la infancia, identificados por los adolescentes, han sido recogidos, en alguna medida, por los aspirantes.
Existe un consenso esperanzador: cuatro de las 10 demandas de los adolescentes están presentes en la totalidad de los 36 planes de gobierno. Estas son crecer sanos, con especial foco en la reducción de la anemia; tener salud física y mental y, por ende, lograr la reducción del suicidio adolescente; asistir y aprender en la escuela; y superar la pobreza. Este abordaje habla de una preocupación compartida por asegurar el bienestar y una educación que rompa historias intergeneracionales de pobreza. Como dirían los chicos, “cruzamos los dedos”, y desde Unicef nos ponemos a disposición del país para contribuir a que estas promesas se hagan realidad.
No deja de preocuparnos, sin embargo, que temas vinculados a las demandas citadas aparezcan con menor frecuencia cuando requieren respuesta inmediata, como la violencia contra niños y niñas, o el embarazo adolescente. Igualmente, y con menor mención, encontramos la atención a la infancia en emergencias y la participación adolescente en procesos decisorios de su escuela, barrio o empleo.
Por lo tanto, aquel candidato o candidata que tenga el honor de dirigir el Perú hará bien en tomar estas falencias como prioritarias. Esto implica reducir los embarazos adolescentes, pues aún tenemos niñas convirtiéndose en madres. Asimismo, un país multirriesgo debe responder a emergencias, como sismos o huaicos, que cambian vidas en minutos. Finalmente, fortalecer los mecanismos de participación permitirá una democracia más robusta, que responda a los anhelos de la infancia y legitime el Estado de derecho a futuro.
La adolescencia planteó su agenda y las agrupaciones han tomado en cuenta sus demandas. Este 12 de abril, con su voto, usted decidirá el futuro del país; escuche esas voces nuevas que con esperanza dicen a padres, hermanos mayores, tíos y abuelos: “Vota por mí”. Es decir, vote pensando en lo que será bueno para la infancia, que, aunque no vota, es impactada por los aciertos y desaciertos de la política pública.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.