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La caída de Bermejo
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Dadas las evidencias, no fueron muchos quienes se sorprendieron con la condena a Guillermo Bermejo, congresista actualmente por la bancada Voces del Pueblo-Juntos por el Perú, pero que entró al Parlamento de la mano de Perú Libre. El delito imputado es terrorismo en la modalidad de pertenencia a Sendero Luminoso. Al menos seis testigos y colaboradores, además de fotos y videos, contribuyeron a reforzar la tesis de la fiscalía, según la cual Bermejo visitaba regularmente campamentos terroristas para recibir adoctrinamiento e instrucciones de operación. De acuerdo con estas versiones, las tareas de Bermejo eran, entre otras, captar jóvenes y buscar contactos terroristas en el extranjero. Durante los años en que Bermejo participaba en la organización terrorista, esta se dedicaba en buena cuenta al narcotráfico en el Vraem.
La defensa legal de Bermejo ha anunciado que interpondrá un recurso de nulidad contra la condena, pero la mancha ya es indeleble. Debería ser motivo de reflexión y vergüenza para quienes llevaron a Bermejo como candidato al Congreso en el 2021 e hicieron posible que una persona con extensas relaciones con los cabecillas terroristas Quispe Palomino llegue a las esferas más altas de la política nacional. Una vez ahí, con los impredecibles giros de la política nacional, no hubiera sido impensable que termine como presidente del Congreso o, peor aún, de la República. A eso expusieron al país Perú Libre, Pedro Castillo y Vladimir Cerrón. Y no pueden decir que no lo sabían.
Pero quizá peor aún es la mancha que esto deja sobre sus actuales aliados políticos. Guido Bellido, fundador del partido Pueblo Consciente y congresista de la bancada de Podemos, por ejemplo, afirmó que se trataría de un “fallo preconcebido” y que existen “indicios de persecución política”.
Bermejo era además precandidato presidencial en Venceremos, alianza de la que participa Nuevo Perú, partido de Verónika Mendoza y Vicente Alanoca. Estos últimos, junto con su movimiento político, insisten en aludir a un supuesto “terruqueo” y a un “régimen dictatorial que ha capturado el poder en el Perú” para justificar la condena de su compañero de aspiraciones políticas. Pero si la supuesta izquierda moderna y democrática –como ellos mismos suelen denominarse– es incapaz hoy de romper filas con una persona condenada por afiliación terrorista, y con una abundante carga de pruebas en su contra, de moderna y democrática no tenía mucho al fin y al cabo.

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