Las extorsiones no se detienen

Mientras una parte del país se paraliza por la crisis del gas, los criminales continúan haciendo de las suyas.

    Editorial El Comercio
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    Ilustración: Giovanni Tazza
    Ilustración: Giovanni Tazza

    En las últimas dos semanas, la crisis energética desatada tras la deflagración de un ducto de Camisea paralizó diversas actividades en el país, desde la provisión de gas natural hasta la realización de clases presenciales en Lima. Lo que no se detuvo, sin embargo, fueron las extorsiones y, especialmente, las ejercidas contra los trabajadores del transporte público, que han tenido que enfrentar dos amenazas al mismo tiempo: la falta de combustible y el crimen organizado.

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