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Margarita Castillo sabe que el coronavirus tiene diferentes formas de golpear. En su casa, se ha llevado la carne, los cuyes y los pocos soles que ganaba vendiendo las papas y animales que cría en su chacra, en Colquepata, Cusco.
De sus seis hijos, el pequeño de 4 años tuvo anemia, pero se pudo recuperar con sangrecita de cordero. A la menor, de 5 meses, recién la evaluarán esta semana para saber su condición. “No hay trabajo por la pandemia. Estamos sobreviviendo con los alimentos que tenemos, que son papas, habas y chuño. Para comprarnos pollo no hay plata”, dice en quechua.
En Cusco, el 53,7% de niños menores de 3 años tiene anemia, según las cifras recientes de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) 2020. Una situación alarmante que comparte con Puno, Ucayali, Madre de Dios y Loreto, donde más de la mitad de los menores de 35 meses padece esta afección asociada con la ausencia de hierro en la sangre.
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En pandemia
La encuesta realizada durante el primer año de pandemia, primero por teléfono y luego presencial, revela que la anemia sigue afectando a cuatro de cada diez menores de 3 años en el Perú. La mayoría de ellos vive en zonas rurales (48,4%).
Esta cifra es similar a la registrada en el 2019; sin embargo, para algunos expertos, la pandemia del COVID-19 está debilitando la lucha contra la anemia y, probablemente, pueda ocasionar un aumento.
“Esperábamos que en el 2020 se reportara una caída más rápida [en los números de la] anemia infantil, pero si tenemos más pobreza y los servicios no están funcionando del todo por la pandemia, no se puede. La Endes muestra una reducción en la vacunación de niños y del crecimiento y desarrollo, entonces no podemos pensar que no hubo un deterioro”, precisa María Elena Ugaz, oficial de Crecimiento y Desarrollo de Unicef.
Una de las estrategias contra la anemia que han sido afectadas por la pandemia son las visitas domiciliarias para supervisar el buen uso de la suplementación de hierro en los niños. Estas visitas, lideradas por el Minsa, se suspendieron en el primer semestre del 2020 y pasaron a ser telefónicas.
“Hasta el 15 de marzo del 2020, teníamos 15 niños menores de 3 años con anemia al mes, dejamos de hacer seguimiento por dos meses por el COVID-19, y subieron a 45 niños. Los micronutrientes se acabaron el año pasado, así que les damos sulfato ferroso en jarabe”, cuenta Flora Torres, jefa del establecimiento de salud de Santa Rosa, en Madre de Dios.
El reto
En julio del año pasado, el Minsa aprobó el Plan de Recuperación de Brechas en Inmunizaciones y Anemia en Tiempo de COVID-19 con un financiamiento de S/14,7 millones. Su objetivo es reforzar las estrategias y adaptarlas al contexto. ¿Alcanzarán estas medidas para reducir la anemia y la desnutrición crónica infantil en plena pandemia?
Para Mariana Escobar, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Gobierno debe continuar con programas como Hambre Cero, por ejemplo, que busca asegurar el acceso a la alimentación saludable. “Es importante seguir haciendo esas intervenciones de emergencia, pero también pensar a largo plazo, en cómo resolveremos estructuralmente este problema”.
Matilde Cobeña, de la Defensoría del Pueblo, opina que se debe procurar tener un trabajo articulado entre los tres niveles de gobierno para obtener mayor impacto favorable en la niñez. “Aun en un contexto de pandemia, hay que garantizarles buena salud a los niños desde que nacen”, afirma. 
Según la Defensoría del Pueblo y la Endes 2020, por la pandemia se redujeron las intervenciones a menores como las vacunas y la entrega de suplementos de hierro.
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