Por Renzo Giner Vásquez

Hay una situación dramática sobre la que se lleva advirtiendo desde hace al menos siete años: cada dos semanas muere una lengua en el mundo. La mera estadística es de por sí alarmante, pero para entender la verdadera magnitud de esta pérdida debemos ser conscientes de las historias, conocimientos y legados que son condenados al olvido cada vez que una de se esas lenguas se marchita.

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