Buena parte de la ciudadanía no respeta la epidemia porque no está en condiciones de hacerlo: se vive en condiciones de hacinamiento, no se ha podido recibir ninguna ayuda estatal, no se cuenta con ingresos o ahorros o capacidad de hacer compras en mayor volumen. (Foto: Hugo Curotto/ GEC)
Buena parte de la ciudadanía no respeta la epidemia porque no está en condiciones de hacerlo: se vive en condiciones de hacinamiento, no se ha podido recibir ninguna ayuda estatal, no se cuenta con ingresos o ahorros o capacidad de hacer compras en mayor volumen. (Foto: Hugo Curotto/ GEC)
/ HUGO CUROTTO
Por Martín Tanaka

Estamos pasando por una etapa muy difícil en el combate al COVID-19, en la que dejamos atrás una lógica con énfasis en la toma de grandes decisiones en las “alturas”, a cargo de equipos pequeños y altamente calificados: imponer una cuarentena drástica, diseñar un programa de reparto de bonos para la población vulnerable, aumentar la capacidad de atención de unidades de cuidados intensivos, principalmente.

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