Por Redacción EC

Al finalizar la jornada, el cuerpo busca recuperar energías después de horas de trabajo, estudio o múltiples responsabilidades. Durante ese momento de descanso, muchas personas adoptan de forma automática ciertas posturas al dormir, como sujetar o abrazar una almohada. Aunque para la mayoría se trata simplemente de una posición cómoda, especialistas en psicología sostienen que este hábito podría estar relacionado con aspectos de la personalidad, las emociones y la forma en que cada individuo experimenta la sensación de seguridad y bienestar. Una exhaustiva investigación es la que actualmente pone de manifiesto los verdaderos rasgos, y hasta temperamento, de quienes mientras concilian el sueño, toman dicho objeto con mucho cariño.

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