Socialmente, estamos programados para creer cosas como que debemos buscar a una persona que “nos complete”, que solo seremos felices si encontramos amor en alguien más, en una relación que todo lo puede.
Socialmente, estamos programados para creer cosas como que debemos buscar a una persona que “nos complete”, que solo seremos felices si encontramos amor en alguien más, en una relación que todo lo puede.
Andrea Montalvo

Históricamente, celebramos el 14 de febrero porque ese día se conmemora la muerte de Valentín, un sacerdote católico romano del siglo III que fue sentenciado por celebrar en secreto matrimonios de jóvenes enamorados cuando se había prohibido. La razón era que se consideraba que los hombres jóvenes solteros y sin familia eran mejores soldados.

La fecha es celebrada en países como el nuestro y con el tiempo ha adquirido un significado de romance y celebración al amor de pareja. A medida que se acerca la fecha, pienso en cómo hemos adquirido e introyectado este modelo de afectividad o manera de relacionarnos que se conoce como “amor romántico”. Un concepto que nos hace pensar que el amor se basa en vínculos monogámicos y en la idea de que una “relación estable” lo puede con todo y lo resiste todo.

Cuando hablamos acerca del amor, un tema común en este momento del año, la mayoría de las personas hacemos referencia a sentimientos íntimos, a experiencias intangibles, magia, sacrificio y, en ocasiones, sufrimiento. En realidad, el amor es una emoción, un fenómeno o experiencia al que hemos atribuido significados dependiendo del contexto histórico o cultural en el que nos encontramos, y esto ha dado lugar a que, socialmente, basemos nuestras creencias acerca de la naturaleza del amor en mitos que hacen que concibamos las relaciones de pareja como ideal “perfecto”. Eso es engañoso, casi inalcanzable e imposible de cumplir.

La idea de entender el concepto de “amor romántico” y los mitos que lo rodean, es entender que la alternativa es el amor libre y maduro, que nos permite ser personas completas compañeras de otras que también lo son.
La idea de entender el concepto de “amor romántico” y los mitos que lo rodean, es entender que la alternativa es el amor libre y maduro, que nos permite ser personas completas compañeras de otras que también lo son.

Socialmente estamos programados para creer cosas como que debemos buscar a una persona que “nos complete”, que solo seremos felices si encontramos amor en alguien más, en una relación que todo lo puede. Históricamente, estas relaciones debían ser entre hombres y mujeres, en las que los hombres aportaban fuerza y economía, y las mujeres aportábamos dulzura y maternidad. Esta percepción perpetúa la idea de que las personas somos seres “incompletos” y que necesitamos de otro/a para complementarnos.

Las ideas que tenemos del amor romántico son, realmente, mitos o creencias compartidos en las sociedades, que hemos ido construyendo a través del tiempo y de las realidades. Además, las personas tendemos a definir el amor y las relaciones en base a nuestras propias experiencias y a la influencia de los medios de comunicación, cine, literatura, etc.

El amor es una emoción, un fenómeno o experiencia al que históricamente hemos atribuido un significado dependiendo del contexto histórico o cultural en el que nos encontramos.
El amor es una emoción, un fenómeno o experiencia al que históricamente hemos atribuido un significado dependiendo del contexto histórico o cultural en el que nos encontramos.

A propósito del día del amor, pienso que es importante que conozcamos algunos de los mitos más enraizados y comunes en torno al amor romántico que existen, para que cada uno pueda evaluar su propia percepción del amor y su experiencia con las relaciones de pareja. Estos son:

-“El amor todo lo puede”: la idea de omnipotencia, de que si hay amor entonces todo se puede lograr y todo se puede soportar, propicia la permisividad, la sumisión y la vulnerabilidad como aspectos positivos en una relación y, además, perpetúa la idea de que si una pareja tiene problemas, entonces no hay amor.

-“La media naranja, el único amor de la vida”: propone que solo hay una persona destinada a “completar” a otra; por lo tanto, hay solo una elección en el mundo de una persona a quien amar. Esto genera niveles de exigencia y de frustración extremadamente altos.

-“La persona correcta es perfecta para mi y va a llenar mi vida”: este mito origina obsesiones por encontrar a la “persona correcta y perfecta” para uno para poder empezar a vivir.

-“Los celos son una expresión de amor”: los celos, realmente, son una demostración del miedo a perder aquello que se percibe como propio, como una posesión; en el caso de una relación, la otra persona. Son, entonces, una forma de justificar comportamientos violentos y represivos.

-“El amor real es eterno”: la idea de que el amor de pareja verdadero no termina nunca hace ver el fin de una relación como un fracaso.

La idea de entender el concepto de “amor romántico” y los mitos que lo rodean, es entender que la alternativa es el amor libre y maduro, que nos permite ser personas completas y compañeras de otras que también lo son. Para lograr este tipo de amor debemos poder cuestionar el significado que como sociedad le hemos atribuido al amor y a las relaciones de pareja. Ees importante que nos reconozcamos como seres independientes y completos; que podamos priorizar la propia libertad y autonomía; que nos acerquemos a nosotros mismos antes de buscar a alguien más a través de la introspección y cuestionamiento propio; y que, en lugar de “aprender a amar”, desaprendamos a hacerlo románticamente y sustituyamos estas ideas por unas que nos valoren más y nos acerquen al amor propio y, luego, al amor compañero.