Local US“Es la primera vez que estoy en el mágico Perú”, dice de arranque Scott Davidson (54), al otro lado de la pantalla. Hace tres años que su esposa y su hijo estuvieron por estos lares (él se quedó porque su perro estaba enfermo). Le contaron maravillas de Cusco. Cuando se le presentó la oportunidad de venir, en plena emergencia sanitaria, no la dudó y se quedó dos semanas. “Intento mantener mi rutina de ejercicios, mi régimen alimenticio. Ha sido un reto. No estoy acostumbrado a la altura, pero [el clima] es mucho mejor aquí”, agrega. Es sereno al hablar, aunque es palpable su emoción cada vez que habla del footbag (consiste en tocar una pelota -hacky sack o hacky- rellena de semillas o arena con los pies sin que se caiga al suelo), y cómo no si es el deporte que practica hace más de dos décadas y que lo ha hecho acreedor al título de campeón mundial. Similar a las ‘pataditas’. La gran diferencia es que necesita de unas zapatillas deportivas, anchas y bajas para atrapar la pelotita. Parece simple. Lo es y a la vez no.
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Es necesario que vea el video titulado Scott ‘Enlightener’ Davidson - World Footbag Championships 2001 Finals en YouTube. Va a quedar pasmado (a). “Realmente no es tan complicado”, responde con risas tímidas tras mencionarle del famoso video.
Al footbag entró como jugando. Empezaba la década de los 80 y estaba en secundaria. Un amigo, que ya practicaba el deporte, le enseñó como quien realiza una nueva actividad. Las primeras veces, claro, no le salieron. Con la práctica, aprendió a hacer dos, luego tres patadas seguidas. Poco a poco cogía el gusto y el ritmo. Como bien dice: el footbag te desafía constantemente. De hecho, Scott es un hombre de retos. Siempre ha estado ligado a los deportes. “Era nadador, ciclista, corredor, gimnasta. Estaba metido en el atletismo también, pero quería hacer deportes individuales. Mis compañeros de equipo eran mejores. Yo no. Nunca era el mejor. Busqué algo en lo que pudiera ser muy bueno”. Hubo un día en el que supo que el footbag era lo suyo. Estaba practicando con sus amigos e hizo un truco: pateó la pelotita hacia arriba, dio un par de vueltas y la atrapó con el pie en el aire. Desde entonces, no deja que el hacky toque el piso.
Estilo libre
Sus papás lo apoyaron. Eso sí, tenía que seguir apoyando en el negocio familiar (tienda para mascotas), a unos 30 minutos de donde vivían. Luego del trabajo, practicaba para las competencias. En 1985, una semana antes al Campeonato Mundial de Footbag en Golden (Colorado), se convirtió en Instructor Certificado de Footbag. Fue construyendo su nombre y ocupó el primer lugar hasta el 89. Ojo, nunca bajó del podio. En las competencias conoció también a grandes amigos. Fueron ellos los que lo bautizaron como Enlightener (ilustrado, bien informado). “Me llamaron así porque fui el que les dijo sobre los campeonatos, los deportes, las reglas del juego, los trucos y cómo hacerlo”. Fue el que les dio las claves para progresar en el deporte.

Para 1998, Scott estaba casado y con un recién nacido. “En 1999 gané la competencia mundial. Mi hijo estaba detrás de escena en un cochecito con mi esposa. Mientras él dormía, yo competía. […] Los campeonatos mundiales a veces eran en Colorado, otras en California o Canadá (Montreal, Vancouver)”. Estaba acostumbrado a ver grupos de entre 30-40 personas haciendo piruetas y a reunirse cada vez que él hacía algún truco. El footbag ganaba más fuerza y empezaba a ser visto como un deporte. Si se convierte en profesional, gana dinero. El caso de Scott fue diferente: sus ingresos son externos a este deporte. “Cuando hago dinero por footbag es genial, tengo patrocinadores y viajé por el mundo, pero el dinero viene principalmente de otros trabajos”. Estuvo 19 años en la empresa familiar. Ahora es profesor en Apple Chicago.
Mente y cuerpo
El footbag no solo le ha dado grandes amigos, sino también mayor control sobre su estado físico y mental. Antes solía hacer piruetas entre cuatro a cinco horas ininterrumpidas. Scott fue incluido en el Salón de la Fama de Footbag en 2006. Más tarde, cuando cumplió 40 años en 2006, se propuso continuar practicando (va más de 5300 días seguidos). Después de esta charla, adelanta, va a practicar entre 45 a 60 minutos. La ventaja es que no retrocede. “Este deporte ayuda a mantener fresca la mente y al cuerpo joven. Me mantiene flexible, algo que ayuda sobre todo ahora último que monto caballo. Montar bicicleta (un par de millas) es un buen calentamiento para el footbag”. Le tomó, cómo no, años aprender trucos “básicos” sin lastimarte los tobillos. Las competencias eran estresantes, pero aprendió a divertirse. Encontró en la rutina una forma de lidiar con sus emociones. “Hago lo mismo casi todos los días: me estiro, salgo y me pongo a practicar. Luego voy al trabajo. Esa consistencia me ayuda a lidiar con el estrés. Lo más estresante que tengo que hacer es llegar a tiempo al trabajo. Los jóvenes [por el estrés] a los 30 ya están cansados. Parte de evitar eso es encontrar una rutina y apegarte”.
Cada vez más personas disfrutan del footbag. En Estados Unidos, por ejemplo, puede ser un aliado contra la obesidad. “Estamos marketeando este deporte como una forma divertida de ejercitarse. Con la pandemia, los niños están más aislados. Lo bueno del footbag es que no necesitas un gran campo para salir, sino que basta con la pelota para jugar incluso en un área pequeña. Hay que darles más herramientas más allá de los videojuegos, la televisión y plataformas de streaming. A la gente no le gusta ejercitarse porque es difícil. Esta es una forma divertida de hacer ejercicio y, de cierto modo, de sociabilizar”.
Davidson, que también es instructor de footbag, difunde el deporte cada vez que puede: en las competencias, en el trabajo, en su comunidad, en los viajes. En su paso por Ollantaytambo, enseñó trucos a niños. “Mi meta es kickear con la mayor cantidad de personas. Me gusta pensar que soy alguien que puede inspirar a jugadores en vez de intimidarlos (no hay persona que no lo reconozca en las competencias). Intento motivar. Lo he hecho en Cusco. Es natural que vengan, especialmente porque el futbol es tan popular en Sudamérica, y kickeen conmigo”. Ya hay una comunidad en Perú que va ganando más seguidores. Puede seguirlos en Instagram (@footbagperu).
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Scott ha regresado a casa, pero mantiene a Perú en su corazón. Espera que las competencias puedan ser presenciales con las medidas de bioseguridad. Se conmueve de solo recordar cómo eran estos encuentros prepandemia. “Es duro, pero saldremos de esto”. Por ahora, hay que evitar que la pelota -desde donde juegue- no toque el piso. //
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NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

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