Por Ángel Navarro Quevedo

Durante una conversación con pobladores de Madre de Dios, a Magali Salinas le resulta difícil creer lo que escucha: “Al oso perezoso sí se lo debe matar porque si una embarazada lo ve, su hijo nace con síndrome de Down”. Hace 20 años, Salinas vendió su carro, su casa y sus pertenencias para viajar al Amazonas y dedicar su vida a rescatar precisamente a los animales que algunas comunidades aún consideran una amenaza. Hoy encabeza Amazon Shelter, un centro de conservación y rehabilitación de fauna silvestre donde llegan animales víctimas de maltratos, tráfico ilegal y creencias populares.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: