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Cuando William Osco Tsukamoto apareció en las pantallas de “The Boyfriend”, millones de espectadores en Japón y otros países conocieron a un participante observador, de gran sonrisa y que parecía moverse con naturalidad en un programa donde las emociones se sienten bajo el lente. Detrás de ese rostro sereno había una historia más compleja: la de un hombre nacido en Chiclayo, criado en Okinawa y que hoy divide su vida entre proyectos profesionales y temporadas en Barcelona y Tokio.
Cuando William Osco Tsukamoto apareció en las pantallas de “The Boyfriend”, millones de espectadores en Japón y otros países conocieron a un participante observador, de gran sonrisa y que parecía moverse con naturalidad en un programa donde las emociones se sienten bajo el lente. Detrás de ese rostro sereno había una historia más compleja: la de un hombre nacido en Chiclayo, criado en Okinawa y que hoy divide su vida entre proyectos profesionales y temporadas en Barcelona y Tokio.
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Tiene 35 años y una biografía marcada por los cruces culturales. Su madre, Yoneko Tsukamoto, es japonesa. Su padre, Ricardo Osco Sánchez, es peruano y militar retirado. También está su hermano, Seiji Osco Tsukamoto, con quien comparte esa identidad híbrida que combina dos países y dos maneras de entender el mundo.
Cuando le propusieron participar en el ‘reality’ The Boyfriend, William (conocido en redes y otros medios como Will Tsukamoto) lo pensó más de una vez. No era solo una experiencia televisiva: implicaba convivir durante semanas con desconocidos y mostrar emociones frente a cámaras. Pero la búsqueda de un cambio lo invitó a atreverse.
El programa en el que participó abrió un nuevo camino dentro del género de los ‘realities’ de citas en Japón. En lugar de apostar por eliminaciones dramáticas o competencias, la dinámica es más íntima: nueve hombres conviven durante dos meses en una casa frente al mar conocida como la Green Room. Allí comparten la rutina diaria que incluye cocinar, conversar, conocerse; y se turnan para trabajar en un pequeño carrito de café color verde menta. Cada turno ofrece la oportunidad de invitar a otro participante, un momento que muchas veces se convierte en una conversación honesta o en el inicio de una conexión.

Más que un concurso, el programa observa cómo se construyen vínculos entre hombres que apenas comienzan a conocerse y otros que, en cambio, tienen una historia compartida. Para Tsukamoto, adaptarse no fue tan complicado como pensó.
“En un principio, todos estábamos incómodos. No sabíamos qué decir y estábamos tiesos. Muy atentos, teníamos miedo de decir algo malo. Pero, después de cuatro días, yo me acostumbré mucho. Ya no veía las cámaras. Solamente pensaba que estaba con mis compañeros”, recuerda.

Tiempos de cambio
William nació en Chiclayo, en el norte del Perú, aunque su vida pronto tomaría otro rumbo. Cuando era niño, su familia se mudó a Japón, donde creció y pasó la mayor parte de su infancia. Esa transición lo llevó a vivir entre dos mundos: el orden cotidiano japonés y los recuerdos de un país que conocía, sobre todo, a través de sus padres.
En casa convivían ambas culturas. Su madre mantenía las tradiciones japonesas mientras que su padre traía consigo fragmentos del Perú: historias, costumbres y, especialmente, música.

La cumbia de Armonía 10 y otros ritmos sonaban con frecuencia en casa. Con los años, esas canciones se convirtieron en un puente inesperado hacia sus raíces. “Antes no me gustaba para nada esa música. A los treinta años me comenzó a gustar y averigüé qué música era la que mi papá ponía los domingos. Ahora me encanta la cumbia”, cuenta.
Aunque creció en Japón, William Osco Tsukamoto mantiene una relación afectiva con el Perú, que también pasa por la sabrosa comida. Desde hace 3 años vive en Barcelona, lo que le ha permitido reconectar con la gastronomía peruana gracias a restaurantes y reuniones con amigos latinoamericanos.
“A todas mis amigas que vienen de Japón las llevo a restaurantes peruanos y se enamoran de la comida”, admite. Entre sus platos favoritos está el arroz con pato, que encabeza su lista personal. Le siguen el tamal o los anticuchos —no se decide por uno— y termina este top con el infaltable cebiche, nuestro plato bandera.
Esa reconexión fue gradual. Durante mucho tiempo, Perú fue más un origen que una experiencia cotidiana. Pero al crecer, Osco Tsukamoto empezó a interesarse más por esa parte de su identidad. Hoy habla de su origen peruano con orgullo y reconoce que formar parte de un programa internacional también lo hizo más consciente de esa dimensión de su vida.

Amor y visibilidad en la pantalla
Más allá de la experiencia televisiva, “The Boyfriend” tiene otro significado para William. El programa ha abierto conversaciones sobre diversidad y representación en un contexto donde estos temas avanzan lentamente en la esfera pública.
Participar, dice, implicaba asumir cierta responsabilidad. No en el sentido de representar a toda una comunidad, aclara, sino de contribuir de alguna manera a la visibilidad.

Ese gesto de apertura también está ligado a su propia historia personal. ‘Salir del clóset’ no fue un momento único, sino un proceso gradual de conversaciones con su familia. Con el tiempo, ese diálogo permitió construir una relación basada en la comprensión.
Dentro del programa, esa dimensión personal apareció en las conversaciones entre los participantes. En lugar de centrarse únicamente en lo intenso y romántico, el formato permitió que surgieran reflexiones sobre identidad, experiencias de vida y expectativas afectivas.
El público respondió a esa honestidad. Tras el estreno del programa, Osco Tsukamoto comenzó a recibir mensajes de espectadores de distintos países que agradecen ver historias ‘queer’ contadas con naturalidad
Hoy, después del ‘reality’, su vida ha recuperado cierta calma. Sigue trabajando en el sector tecnológico y lleva una rutina que combina trabajo, viajes y tiempo con personas queridas. Pero la experiencia televisiva también dejó algo más: el amor. Actualmente, mantiene una relación con su compañero del ‘reality’, Izaya, desde hace un año, ahora fuera de cámaras.
Estrenado en 2024 en Netflix, “The Boyfriend”, reúne a nueve participantes que conviven durante varias semanas en una casa frente al mar llamada Green Room, donde comparten la rutina diaria y se turnan para atender un carrito de café.
Cada jornada abre la posibilidad de elegir a un compañero para conversar o salir juntos, creando espacios de conexión. La comentada serie cuenta con dos temporadas y diez episodios por entrega, estrenados semanalmente.
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