MundoPara Ana Luisa Velarde, la repostería nunca fue solo una cuestión de azúcar, harina y técnica; fue, ante todo, el lenguaje con el que aprendió a narrar su propia historia y a reconstruirse en los momentos más difíciles. Hoy, al cumplir diez años al frente de Ana Avellana, la pastelería que transformó el concepto de bakery en Lima, Ana Luisa cierre un ciclo que ha querido dejar plasmado en su reciente libro, “Dulce y no tan dulce”, anunciando así su propia reinvención.
Para Ana Luisa Velarde, la repostería nunca fue solo una cuestión de azúcar, harina y técnica; fue, ante todo, el lenguaje con el que aprendió a narrar su propia historia y a reconstruirse en los momentos más difíciles. Hoy, al cumplir diez años al frente de Ana Avellana, la pastelería que transformó el concepto de bakery en Lima, Ana Luisa cierre un ciclo que ha querido dejar plasmado en su reciente libro, “Dulce y no tan dulce”, anunciando así su propia reinvención.
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“Dulce y no tan dulce” no nació con la intención de ser un simple recetario, para Ana Luisa, es una historia que surgió a raíz de diferentes etapas de su vida y de la necesidad de dejar un legado. Es así que el libro rescata 20 recetas que ayudan a contar los hitos de su vida, seleccionadas no por su complejidad técnica, sino por su carga emocional.
Cada receta es un viaje al pasado. Están los sabores que la transportan a sus días de formación en Nueva York, como el emblemático cheesecake; el key lime pie, ligado a sus días en Floria; o el manjarblanco para diabéticos, una receta que heredó de su abuela y que le recuerda que “todos deben disfrutar”. Para la fundadora de Ana Avellana, este libro representa la culminación de una etapa de sanación. Es un testimonio de cómo las recetas pueden perdurar en el tiempo, pero siempre bajo una perspectiva propia, cargada de nostalgia, honestidad y una verdad que a veces duele, pero que también endulza.
Emprender para sobrevivir
La historia de Ana Avellana es la de una mujer que tuvo que encontrar su propia fuerza cuando el suelo se movía. Al mirar hacia atrás, Ana Luisa recuerda los inicios del negocio como una “gran chamba”, un esfuerzo muy grande marcado por la necesidad. En aquel entonces, le tocó equilibrar el nacimiento de su pastelería con la crianza de sus tres hijos pequeños y un complejo proceso familiar.

“Ana Avellana me dio ese respaldo que no tenía porque yo no trabajaba en ese momento, pero tenía que mantener a mis hijos”, confiesa con la sinceridad que la representa. Lo que empezó como una vía de escape y sustento económico, terminó convirtiéndose en su identidad profesional y en un refugio de creatividad.
Ese temple se volvió a poner a prueba nuevamente cuando enfrentó su diagnóstico de cáncer. Con la determinación que tiene, Ana Luisa no se permitió quedarse quieta. Tomó decisiones en apenas dos semanas y ni siquiera en los días más oscuros del tratamiento dejó de proyectar el futuro de su marca, su idea siempre fue seguir avanzando, entendiendo que el trabajo y la pasión son, a menudo, la mejor medicina.
Para Ana Luisa, el camino del emprendimiento en el Perú no es para los que buscan comodidad, sino para quienes tienen el coraje de ser sus propios jefes. Ante la pregunta de qué se necesita para triunfar en el mundo de la repostería, ella es tajante: “Las ganas”. Según explica, puedes tener el título de abogado o de cocinero, pero sin la voluntad de hacer que las cosas funcionen, el talento se queda a mitad de camino.
Además de las ganas, destaca la disciplina y la responsabilidad. Ser emprendedor implica ser el primero en llegar y el último en irse, manteniendo siempre la mística de la marca. “Tienes que tener bien puestos los pantalones”, afirma, porque destaca la capacidad de enfrentar los miedos y los nervios lógicos que surgen al abrir un negocio propio.
Ana Luisa 2.0 y el regreso a la esencia
Tras una década de aprendizaje, Ana Luisa siente que finalmente ha ganado el derecho de ser ella misma, sin filtros. “Ahora sí quiero hacer lo que quiero hacer”, dice con un brillo renovado en los ojos y una emoción de la mujer que se propuso abrir un negocio a los 40 años, sin tener muchas certezas. Este aniversario marca el lanzamiento de una versión evolucionada de su marca, que incluye proyectos que la conectan con su faceta más comunicativa.

Entre sus planes inmediatos destaca el impulso a su canal de YouTube, Ana Avellana TV, donde busca compartir no solo trucos de cocina, sino su filosofía de vida. También se encuentra en pleno desarrollo de una línea propia de helados, un reto que la mantiene motivada y creativa. Además, su enfoque se está expandiendo hacia un camino más social; con sus hijos ya más grandes, siente que el tiempo ya no le es ajeno, además considera que tiene la madurez necesaria para retribuir y liderar nuevos retos fuera de la cocina tradicional.
Ana Luisa Velarde cierra estos primeros diez años no con un punto final, sino con puntos suspensivos. Entre el aroma de sus hornos cuando están en marcha y el éxito de su libro, la mujer detrás de la marca demuestra que, aunque la vida no siempre sea dulce, uno siempre tiene el poder de elegir los ingredientes para su propia historia, que al final del día, sí puede tener ese toque de azúcar que te saca una sonrisa.
Locales: Mendiburú 1096, Plaza Lima Sur, CC La Molina, Real Plaza Salaverry, Jesús María y CC La Rambla, San Borja
Canal de YouTube: Ana Avellana TV
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