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Hay que aceptarlo en algún momento: es un deber imaginar un mundo sin Alfredo Bryce Echenique. La mañana del martes 10 de marzo falleció el último de los grandes escritores peruanos y también uno de los más amados.
Hay que aceptarlo en algún momento: es un deber imaginar un mundo sin Alfredo Bryce Echenique. La mañana del martes 10 de marzo falleció el último de los grandes escritores peruanos y también uno de los más amados.
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Generaciones de peruanos crecieron leyendo sus novelas en las aulas escolares; sin embargo, a diferencia de la distancia que se puede sentir hacia las lecturas por obligación, con Bryce sucedía lo contrario: esa mirada tierna y el humor para evidenciar la crudeza del mundo hizo que quienes se acercaran a “Un mundo para Julius” por primera vez continuaran con sus demás obras.

Novelas, cuentos, anécdotas, entrevistas y miles de historias que salían de esa mente maestra. “Realmente, creo que mis novelas son tremendamente dramáticas y tristes. Un día dije: ‘Por qué se ríe tanto la gente, pues debe ser porque yo he instalado el humor en el corazón de la tristeza o, como dijo un crítico español: Bryce escribe con humor para que duela menos”, reflexionó en una entrevista.

Afortunadamente, en los años recientes mucha gente tuvo la oportunidad de acercarse al escritor que ya había decidido dejar de escribir y al que veían revitalizado por Cecilia, su “más grande y último amor”. Junto a su casa editorial, Peisa, se organizaron conversatorios sobre sus obras como “No me esperen en abril”, por sus 30 años de publicación, y se publicó una reedición conmemorativa por los 50 años de “Un mundo para Julius”. En la película de Rossana Díaz Costa, basada en su libro más entrañable, se pudo ver en un breve cameo al escritor en pantalla grande, bien al traje como siempre, como un Julius de grande.

El año pasado fue invitado a la Feria Internacional del Libro de Lima, donde presentó “Desde la hondonada 2. Cartas a Federico Camino Macedo” y un año antes también transitó los pasillos de la FIL perseguido por sus lectores (fans) y aplaudido por los más jóvenes. Le gritaban “grande”. Diez años atrás, asistió al Hay Festival Arequipa, ahí firmó libros a quien se lo pedía y atendió a los medios, siempre amable y con una conversación adicional.

Escritores y escritoras, amistades y familiares llegaron a su velatorio en su alma mater: la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Otros lo despidieron desde sus redes sociales, siempre recordando cuán valiosos fueron sus libros para sostener la vida y el peso de esa escritura tan única e irrepetible. //

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