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Este 22 de abril se celebra el Día de la Tierra, festividad que llega a su 55º aniversario recordando la importancia que tiene para la humanidad el tratar con respeto al único hogar, y planeta, que tenemos por el momento.
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Una fecha que toma aún más relevancia con el reciente fallecimiento de uno de sus mayores defensores, el papa Francisco, que desde el trono de San Pedro mantuvo siempre muy cerca las causas ambientalistas. “Esta hermana (Tierra) clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. (...) La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’”, escribió el pontífice en su encíclica “Laudato Si”.
Es así que en esta fecha internacional se hace relevante tomar conciencia del papel que toma la Tierra, y su salud, para el propio bienestar de los humanos: su interdependencia. Así lo resalta, en conversación con El Comercio, el biólogo Javier Quino Favero, director de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Lima.
“Recordemos que la Tierra nos da lo que podríamos llamar servicios de soporte a los humanos como el agua limpia que tomamos, el aire que respiramos, los alimentos que comemos y los paisajes que disfrutamos”, indicó. “Entonces, si nosotros reconocemos que somos parte de eso, que estamos inmersos en esto, entonces eso nos da una mejoría sobre por qué tenemos que conservarlo y protegerlo”.
Una lección que se hace más y más importante a medida que las acciones humanas están causando cambios irreversibles en el planeta, con sucesivos y pensoso hitos como niveles de temperatura históricamente altos, deshielo en los polos e incomparable contaminación de plásticos en los océanos. Con la posibilidad de ocurrencias que antes se pensarían apocalípticas como veranos sin hielo en el Ártico para el 2027 y la opinión de científicos que será imposible mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC en comparación con el periodo preindustrial - máximo fijado por el Acuerdo de París -, es fácil caer en la trampa de la desidia y la desesperación.
“El planeta ha atravesado una serie de etapas donde ha ido evolucionando y cambiando. Los humanos aparecimos en una época que llamamos el holoceno y hoy en día, aunque no es un término oficial, se habla de la época del antropoceno, que indica que en la era que vivimos los humanos han adquirido la magnitud de una fuerza geológica al cambiar de manera importante una serie de sistemas terrestres”, señaló Quino Favero. “Hoy también se habla de las fronteras planetarias, que se refieren a límites de lo que el planeta puede soportar, una de aquellas que hemos pasado hace poco referente a la biodiversidad, así como a la eliminación de una serie de contaminantes en el ambiente relacionados al efecto invernadero.”
“Sin embargo, hay una frontera importante que debemos mencionar, que es la relativa al bienestar de la capa de ozono. Esta se deterioró mucho alrededor de los años 70 y cuándo se descubrieron las causas hubo un trabajo excelente internacionalmente que se concretó en el acuerdo de Montreal, donde se empezó a poner límite en estas sustancias dañinas”, añadió. “Entonces, si bien es cierto que tenemos una serie de alarmas y alertas del deterioro importante de las fronteras planetarias, también tenemos evidencia concreta de que cuando hay voluntad, se pueden mejorar las cosas. Tenemos evidencia de que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de los impactos que tenemos en el ambiente, entonces yo creo que ahí hay un capital muy importante que puede lograr que se reviertan algunas cosas.”
El especialista remarcó que hay razones para tener optimismo, como los avances e inversiones en las energías renovables como la eólica, solar, hidrotermales y geotérmicas, entre otras, que han abaratado tremendamente los costos de la generación de energía limpia, así como convertido en un motor impulsor de mano de obra.
Otra tecnología que resaltó es la inteligencia artificial, que causa también posiciones ambivalentes entre los ecologistas ya que si su alto nivel computacional nos permite adelantarnos a problemas climáticos, estos sistemas requieren de un alto consumo energético.
“Más que caer en una dicotomía sobre si algo es bueno o malo, más bien estamos en una serie de escalas de grises. Esta semana salió una noticia sobre cómo la IA ha refinado los modelos climáticos, lo que puede planificar mejor las cosas. Por otro lado, también es correcto decir que estos sistemas son muy intensivos en el uso de energía”, consideró. “Cabe recordar que ahora están apareciendo procesadores que ya no están basados en el movimiento de electrones, sino en pulsos de luz. En la medida en que hagamos a los sistemas de cómputo más eficientes, también probablemente podremos hacer a la inteligencia artificial más sostenible.”
Gota a gota
Si bien para el especialista es difícil poner poner una fecha límite hasta cuándo la Tierra podrá soportar las acciones dañinas del hombre, el número creciente de eventos climatológicos extremos en la última década es una muestra de que es cada vez más imperativo actuar. En eso, resaltó que no tenemos que esperar que las grandes naciones y los líderes mundiales se pongan de acuerdo para implementar acciones a favor de nuestro planeta, sino confiar en el poder del individuo para cambiar las cosas. “A veces se dice que uno no puede hacer la diferencia, pero si todos contribuimos con nuestro granito de arena hay cambios importantes”, acotó.
Para esto, nos dió algunos actos que pueden servir como primeros pasos para ser ciudadanos más ambientalmente conscientes.
- Seguir los principios de las 3 R: Reducir, Reutilizar y Reciclar. A este Quino Favero le añade una R más que es Rechazar, invitando a tener un consumo más consciente y rechazar las compras impulsivas.
- Disminuir el consumo energético en nuestros hogares desconectando los aparatos que no utilizamos o utilizando luces LED de bajo consumo.
- Optimizar el uso del agua, así como reparar las fugas y goteras. Utilizar el agua del lavado para otras cosas.
- Fomentar la diversidad local cultivando plantas donde vivimos, particularmente aquellas que atraen a polinizadores como las abejas y los colibríes.
- Evitar el uso de insecticidas.
- Preferir los alimentos que se producen localmente y los productos sostenibles.
- Elegir medios de transportes sostenibles como las bicicletas o el transporte público.
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