Tomás Unger Golsztyn

Divulgador científico. Colaborador.

tunger@comercio.com.pe

Muchos atribuyen la invención del a Galileo Galilei (1564-1642), pero su origen es más antiguo. La industria de los anteojos, que data del siglo XIII, se originó en Venecia y Florencia, y pronto pasó a Flandes (hoy Países Bajos), donde se perfeccionó.

Allí, el fabricante de anteojos Hans Lippershey construyó el primer microscopio y presentó la primera patente. Aunque no se sabe con certeza quién inventó el telescopio, la leyenda atribuye su descubrimiento a un sobrino del fabricante, quien supuestamente juntó dos lentes y miró por los dos lados; por uno de ellos vio las cosas acercarse. Impactado por su hallazgo, se lo informó a su tío.

La patente de Lippershey fue rechazada, como lo fueron las presentadas casi al mismo tiempo por Zacharias Janssen y James Mettius. La voz se corrió y comenzaron a aparecer ‘tubos holandeses’ para ver de lejos, invento de gran utilidad para los navegantes, ya que permitía ver obstáculos a tiempo para evitarlos. Los comerciantes podían con esta herramienta ver de lejos qué barco se acercaba a puerto, con lo cual sabían qué mercadería traía antes de que otros comerciantes se enteraran, una información muy lucrativa.

Cuando Galileo obtuvo un , se dedicó a estudiar cómo un lente convexo y otro cóncavo puestos en un tubo acercaban los objetos. Una vez que dedujo el principio, se dedicó a perfeccionarlo.

El telescopio

Galileo bautizó el instrumento que perfeccionó y presentó en 1609 como ‘perspicillum’ (del latín ‘per specio’, que significa ‘ver mediante’/‘a través’). El nombre ‘’ vendría dos años más tarde.

En su libro “Siderus Nucius” (“El mensajero estelar”), Galileo cuenta cómo perfeccionó el perspicillum:

Después de estudiar a fondo la teoría de la refracción, preparé un tubo, en los extremos del cual puse dos lentes, ambos planos por un lado; por el otro, uno esféricamente convexo y otro esféricamente cóncavo. Poniendo mi ojo en el cóncavo vi los objetos grandes y cercanos. Parecían 9 veces más grandes que vistos sin el instrumento. Poco después construí otro instrumento que aumentaba el tamaño de los objetos más de 60 veces. Después de bastante trabajo logré construir un instrumento tan superior que los objetos vistos a través de él aumentaron de tamaño cerca de 100 veces”.

Una vez terminada la versión más potente de su telescopio, Galileo lo dirigió al cielo, iniciando con ello la astronomía moderna:

Primero que todo, miré la Luna, que estaba tan cerca, llena de protuberancias y hondonadas, montes y valles como la Tierra. Después de la Luna, observé frecuentemente otros cuerpos celestes, tanto estrellas fijas como planetas, con increíble placer; cuando noté su enorme cantidad me puse a pensar en un método por el cual podría medir su distancia y no encontré ninguno”.

Galileo continúa hablando de la cantidad enorme de estrellas, y muchas en grupos densos. Luego escribe que ha visto los planetas como nunca antes. Quizás su descubrimiento más importante y controversial fue el 7 de enero de 1610.

Júpiter

En las primeras horas de la noche el planeta Júpiter se presentó mostrando algo que nunca pude ver antes por falta de potencia de mi teles-copio anterior: que tres estrellas pequeñas, pero muy luminosas, estaban cerca del planeta. Aunque pensé que eran estrellas fijas, me hicieron dudar porque estaban justo en línea recta paralelas a la eclíptica y eran más luminosas que otras estrellas”.

Galileo detalló su observación, y cómo –dos días después– encontró las cosas “muy cambiadas”, con las tres pequeñas estrellas igualmente espaciadas, pero al otro lado de Júpiter y más cerca de este. Finalmente, comprobó que eran tres satélites que daban vuelta al planeta por la eclíptica o plano orbital.

Los miles de nuevas estrellas que vio Galileo confirmaban lo pequeño que resultaba nuestro mundo en el espacio. Un profesor de Filosofía de la Universidad de Padua (Italia) no quiso mirar por el cuando oyó lo que le contó Galileo.

Tras la publicación de “El mensajero estelar”, el diplomático inglés sir Henry Wotton envió una copia del libro al conde de Salisbury para que lo entregara al rey de Inglaterra, escribiéndole que era “la noticia más extraña que había recibido en su vida de ninguna parte del mundo... un profesor de matemáticas en Padua que con la ayuda de un instrumento óptico (que aumenta de tamaño y acerca los objetos) inventado en Flandes, y mejorado por él, ha descubierto cuatro nuevos planetas dando vuelta a Júpiter, además de muchas otras cosas desconocidas; y por último, que la Luna tiene muchas prominencias”, añadiendo que “se ha echado abajo toda la astronomía y astrología”.

Galileo bautizó las lunas de Júpiter como los planetas Médicis, por su patrono, el gran duque Cosimo II de Médici, la familia más poderosa de la región autónoma de Toscana. Galileo fue invitado a Roma, donde tuvo una audiencia con el papa Paulo V. El 14 de abril de 1611, el príncipe Monticelli dio un gran banquete en honor del astrónomo. Fue allí que el matemático griego Giovanni Demisiani se refirió a su invento como ‘’ (del griego ‘tele’: ‘lejos’, y ‘skop’: ‘ver’).

En 1616, Galileo fue convocado ante el Santo Oficio (la Inquisición), donde fue censurado y forzado a retractarse de su defensa de las teorías de Copérnico. En 1632, publicó “Diálogo sobre dos principales sistemas universales”, que ampliaba observaciones y corroboraba la teoría de Copérnico: que la Tierra no es el centro del universo y que gira en torno al Sol. Este libro fue interpretado como un insulto por el papa Urbano VIII, y Galileo perdió el apoyo de los jesuitas que había tenido hasta entonces. Llevado ante la Inquisición nuevamente, fue encontrado culpable de herejía, obligado a retractarse públicamente y condenado a arresto domiciliario por el resto de su vida.

Pero la ciencia no da marcha atrás, y a pesar de la condena de la Iglesia Católica, la teoría de Copérnico quedó reivindicada. Luego, en manos de Johannes Kepler e Isaac Newton, el telescopio revolucionó no solo la astronomía, sino la física. Hoy, la tecnología permite enormes telescopios reflectores que nos acercan a galaxias a millones de años luz y a seguir explorando el universo.

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