En "La peste", Pablo Molinero es Mateo Núñez, un detective perseguido por el Santo Oficio. (Foto: Movistar)
Alfonso Rivadeneyra García

Lo primero que se nota al caminar por Sevilla son los naranjos. Crecen por todos lados. Los plantaron los árabes, que la conquistaron hace más de mil años. Una versión dice que el fruto sirvió para camuflar el olor de la basura potenciado por el intenso sol y la ebullición económica. El deshecho atraía a las ratas y, con ellas, a las pulgas. Y con las pulgas, a la peste.

Precisamente, la nueva serie de Movistar+ se llama “La peste”. La producción cuenta con seis episodios por un costo total de 10 millones de euros (unos US$12,4 millones de dólares), algo que podría considerarse 'barato' en la era dorada de la televisión, en la que “” gasta casi lo mismo por cada capítulo. Varias escenas de esta ficción se grabaron en Sevilla, ciudad pequeña y de escaso tráfico que ahora escenifica su propia historia: una sin dragones, pero en la que no faltan los monstruos.

—Invisibles e inquisidores—

En “La peste”, Mateo Núñez (Pablo Molinero) es un detective del siglo XVI que vuelve a Sevilla para cumplir una promesa. Lo hace en secreto junto a unos italianos que comparan esta ciudad con Roma o París, encantados por la ilusión que ofrece: de aquí parten los barcos para América, la tierra de las oportunidades. Pero también está el Santo Oficio, que atrapa a Mateo por hereje. No lo queman vivo porque necesitan sus habilidades para atrapar a un asesino en serie.

A Molinero no le preocupan las comparaciones con otros investigadores de ficción. “Mateo es un detective muy atípico, una persona que no encuentra su lugar en el mundo, un desclasado”, cuenta. Lo mismo ocurre con el adolescente Valerio (Sergio Castellanos), quien a veces puede comportarse como Judas y otras como el doctor Watson, el asistente de Sherlock Holmes.
Molinero agrega: “Sí, investigamos una serie de crímenes de personajes ilustres de Sevilla, pero no somos el típico detective, en realidad somos antidetectives. Mateo se dedicaría a cualquier cosa menos a trabajar para la Inquisición. Es que es una persona muy observadora, de una mente muy despierta. Se cuestiona la existencia de Dios y también otras cosas. Eso le ayuda en la investigación”.

El actor lleva un pin de rata en la solapa. Como parte de su trabajo, Molinero tuvo que interactuar con este animal, lo que no le gustó para nada.

Huérfanos e hijos fuera del matrimonio eran invisibles por aquel entonces, demasiado incómodos como para ser considerados por los ricos. También lo eran las mujeres como Teresa Pinelo (Patricia López), a quien se le cierran varias puertas tras la muerte de su marido. López comenta: “El viaje de Teresa es una búsqueda de identidad. En el momento que pasa a ser viuda, la colocan en un lugar donde ella no se siente bien, y cuando intenta moverse de allí, la sociedad no la va a dejar”. Su personaje es una artista que necesita una identidad secreta para poder vender sus obras.

A diferencia de Mateo y Valerio, Teresa tiene mucho dinero, algo que en la Sevilla de “La peste” no le es útil. “Esos privilegios no le sirven de puertas para afuera. Lo primero no es la posición económica en aquel entonces. Lo primero es el género”, dice López. “Puedes tener todo el dinero, puedes ser la mejor autora del mundo, pero eres mujer y eres inferior. Por ser viuda, no contar con una autoridad masculina y ser culta –lo que era una excepción–, tener un capital y un poder como el que podría tener hacía que fuera peligrosa para el statu quo”.

En aquella época, además, el ateísmo y la práctica de autopsias eran también causales para ser apresados por el Santo Oficio. No importaban criterios como culpabilidad o inocencia. Bastaba la confesión de una persona para ser enviado a la cárcel o ser torturado. ¿Qué podía llevar a alguien a formar parte de esa maquinaria? En el caso de Celso de Guevara, el ficticio inquisidor de Sevilla interpretado por Manolo Solo, es el hambre de poder.

“Es una persona muy inteligente, muy ladina, tiene muchos planes y no enseña todas sus cartas”, cuenta Solo, pero resalta que su personaje no siente placer en torturar a los demás. Él lo llama “un mal necesario”.

—Colonizar el mundo de las series—

En España, "La peste" no tiene como competidores a las ficciones de otros canales tradicionales, pues apunta al streaming. Todos sus episodios estuvieron disponibles desde el primer día (la transmisión en el Perú será semanal). ¿Netflix es su competencia? Domingo Corral, director de Ficción Original de Movistar+, responde: “En el segmento de las series, se podría decir que sí en la medida que alguien decide no abonarse a Movistar y sí a Netflix", cuenta.

Por su ambición y presupuesto, “La peste” es el equivalente a “Game of Thrones” de Movistar+. Pero Corral lo niega por el realismo que se quiere mostrar y por la rigurosidad histórica. Asegura que no le dieron luz verde por su temática, sino por el guion y por sus creadores: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez, ganadores del premio Goya por la película “La isla mínima”. A ellos siempre les cautivó el poder que tuvo Sevilla en el Renacimiento y cómo este se perdió por desidia de las autoridades.

Con sus calles laberínticas y estrechas, retorcidas para perpetuar la sombra el mayor tiempo posible, Sevilla es un destino para visitar. Su arquitectura y su comida encantan, pero lo bello también esconde un potencial oscuro: la naranja se pudre, el monumento se desgasta. “La peste” refleja esta imagen.

Estreno: 15 de febrero, 8 p.m.
Horario: los jueves a las 8 p.m.
Canal: Movistar Series. Señal digital: 1 (SD) y 701 (HD). Señal satelital: 101 (SD) y 801 (HD).

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