“La hipótesis que yo tengo es que la figura de la vacancia presidencial ha sido usada siempre como un comodín, incluyendo las dos interpretaciones de incapacidad moral como sinónimo de locura o de corrupción”, afirma el historiador Daniel Parodi. “Riva Agüero no tenía problemas ni de cordura ni de corrupción, pero finalmente lo destituyeron porque el Congreso quería prescindir de él”, añade.
El también profesor de las universidades Católica y de Lima afirma que el otro presidente que cayó bajo este mismo argumento fue Guillermo Billinghurst en 1914. “Billinghurst era una especie de outsider, pues el candidato oficialista del Partido Civil era Ántero Aspíllaga. Y, de hecho, llegó al poder debido a la presión de la plebe urbana (panaderos, artesanos) que el día de las elecciones se amotinó y se dirigió hasta las puertas del Congreso, el cual, asustado, se vio forzado a elegirlo en 1912”, relata Parodi.
Sin embargo, Billinghurst tuvo siempre el Congreso en contra y, dos años después, se promovió su vacancia debido a su estilo de gobernar por decretos y promover derechos laborales. “Lo real era que el civilismo quería deshacerse de él. ¿Y qué recurso constitucional encontraron? La vacancia por incapacidad moral. El tema no era que fuese corrupto o que tuviera una enfermedad mental, sino que había una mayoría con los votos suficientes para utilizar este recurso, como se ha visto ahora. Es una vacancia por número: se tienen los votos suficientes y se ejecuta. Obviamente, se va a argumentar que es incapaz o que es corrupto”, añade el historiador. Para Parodi, la excepción a esta regla fue la destitución de Alberto Fujimori en el 2000, cuando el Congreso lo vacó luego de que renunciara por fax.
En menos de cinco años, y a meses del bicentenario, el país parece haberse reencontrado con lo peor de su historia. “Hemos tenido —como lo recuerda el historiador Juan Luis Orrego— tres presidentes (además de la anecdótica proclamación de Mercedes Aráoz), cuatro mociones de vacancia, un Congreso disuelto y otro electo, y la mayor rotación de ministros en tan poco tiempo en la historia reciente”. A ese escenario de arenas movedizas se suma una pandemia que ha desencadenado una crisis social y económica.
Esta situación, para Orrego, solo es comparable a la vivida en la década de 1930, al final de la caída de Augusto B. Leguía. A saber: “En ese momento, había una crisis económica marcada por la caída de Wall Street ( 1929 ), y ahora tenemos una pandemia. Al caer Leguía, se crea un gobierno interino —de Manuel María Ponce— que dura pocas horas. Luego, llega Luis Sánchez Cerro, forma una junta de gobierno y, a los pocos meses, renuncia porque se debe convocar a elecciones y forma la Unión Revolucionaria para participar en los comicios. En ese periodo ( entre marzo y diciembre de 1931 ), hay tres gobiernos: el de Leoncio Elías, Gustavo A. Jiménez y David Samanez Ocampo, quien termina convocando el proceso electoral. Luego del triunfo de Sánchez Cerro, este solo gobierna dos años, pues es asesinado en 1933. Entonces asume el general Óscar Benavides. Entre 1930 y 1933, tuvimos un presidente encarcelado y muerto en la cárcel (Leguía), un presidente asesinado, y varios gobiernos, algunos de ellos interinos. Ahora tenemos también un expresidente encarcelado (Fujimori) —aunque no con riesgo de muerte, felizmente— y hemos tenido, además, otro expresidente que se suicidó (García)”, cuenta Orrego.
Uno de los momentos no solo más inestables, sino también más dramáticos de la historia peruana fue el vivido durante la guerra con Chile. El historiador Daniel Parodi encuentra ahí también sombrías semejanzas con el momento actual.
“El período que a mí se me viene a la mente (para que se vea la crisis política que esto puede representar) es la guerra del Pacífico —comenta—. La comenzó Mariano Ignacio Prado, pero, cuando viajó al extranjero a comprar armas, dejó de presidente a La Puerta. Entonces, Nicolás de Piérola dio un golpe de Estado y se declaró dictador del Perú. Después de la ocupación de Lima, el 17 de enero de 1881, Piérola se retiró a Tarma; sin embargo, en La Magdalena, se estableció el gobierno de Francisco García Calderón, quien, después, fue tomado prisionero y llevado de rehén a Chile por no aceptar firmar la paz con cesión territorial. Su vicepresidente Lizardo Montero estableció su gobierno en Huaraz y de ahí se pasó a Arequipa, pero, en ese momento, Miguel Iglesias lanzó el grito de Montán en Cajamarca. Tuvimos, así, dos gobiernos. Finalmente, Iglesias entró en trato con los chilenos. Es una pena que ahora tengamos una clase política con tan poco civismo y amor a la patria, que nos está regalando esta situación ad portas del bicentenario”.
En estos días, se ha dicho que, con la llegada de Manuel Merino a Palacio de Gobierno, el partido Acción Popular se ha convertido en el que más veces ha gobernado el país, si se tienen en cuenta los dos períodos presidenciales de Fernando Belaunde, entre 1963 y 1968, y 1980 y 1985, además del gobierno de transición de Valentín Paniagua, entre el 2000 y el 2001. Sin embargo, el historiador Juan Luis Orrego aclara que esto es falso, pues, hasta ahora, la organización política que más ha gobernado el país sigue siendo el Partido Civil, con Manuel Pardo ( 1872-1876 ), Manuel Candamo ( 1895, 1903-1904 ), con los dos regímenes de José Pardo y Barreda ( 1904-1908 y 1915-1919 ), y con el primero de Leguía ( 1908-1912 ).
Las crisis políticas parecen ser así una penosa constante de nuestra vida republicana. Esa triste normalidad que anunciaba, irónicamente, el poeta Martín Adán.