Palant grabando el piloto de su cinta Mi familia
Palant grabando el piloto de su cinta Mi familia
Carlos Oré Arroyo

María Esther Palant y su esposo, el director de cine Óscar Kantor, llegaron desde Buenos Aires a mediados de los años sesenta con unas cartas de recomendación del agregado cultural de la Embajada peruana en Argentina. Una de estas misivas estaba dirigida a Francisco Miró Quesada Cantuarias, entonces ministro de Educación del primer gobierno de Belaunde. Después de ver las películas hechas por la joven pareja, les dijo: “Esto lo tiene que ver el presidente”.

Las cintas —Buenos Aires. Verano 1912, Tierra seca, Los junqueros y un cortometraje del artista Agustín Riganelli— fueron proyectadas en Palacio de Gobierno y el presidente quedó gratamente impresionado. De esta manera, invitó a los esposos Kantor Palant a quedarse en nuestro país, y a iniciar una serie de grabaciones. Él se dedicó a hacer largometrajes, algunos fueron taquilleros; y ella a realizar cortometrajes culturales con una narrativa audiovisual innovadora.

Palant grabando Cántico de color y luz
Palant grabando Cántico de color y luz

Son casi treinta las cintas de celuloide de 35 mm que María Esther Palant filmó en nuestro país a partir de la década de 1960. La Ley de Cine 19327 estimulaba la creación de cortometrajes para ser exhibidos en salas comerciales antes de la proyección de las películas. En ese contexto, Palant se dedicó a realizar producciones con artistas locales, como el ceramista Félix Oliva, la escultora Marina Núñez del Prado, el pintor indigenista Enrique Camino Brent, el pintor Milner Cajahuaringa, la artista Cristina Gálvez y el pintor Teodoro Núñez Ureta, de quien fue discípula, así como un homenaje póstumo a José Sabogal. Todos ellos quedaron perennizados en cortometrajes que forman parte de un archivo audiovisual que se encuentra actualmente bajo el cuidado de la Filmoteca de la PUCP.

—El universo de Cristina Gálvez—
Tan solo la cinta de Cristina Gálvez se encuentra digitalizada y publicada en YouTube. Este cortometraje, de siete minutos de duración, no es el acercamiento convencional en el que se busca conseguir declaraciones que sinteticen la obra de la artista; por el contrario, Palant procura que cada toma se convierta en un vínculo único del espectador con el personaje que aparece en su estado creativo más puro.

Sus cortos son poéticos”, afirma Silvia Kantor, primera hija del matrimonio argentino. Y es que la narrativa de aquella cinta sorprende por sus bellos encuadres que presentan el universo propio de la artista limeña. ¿Qué maravillas aguardan en aquellas otras cintas grabadas por Palant? Nueve de estos cortos se han presentado al concurso realizado por la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) para obtener el financiamiento respectivo y así lograr su remasterización.

—Sin descanso alguno—
María Esther Palant
nació en Buenos Aires, Argentina, en 1932. De joven se dedicaba a la pintura y escultura. A mediados de 1950, el Fondo Nacional de las Artes de su país la animó a realizar un cortometraje sobre la obra del escultor Agustín Riganelli. Es así que desde el total desconocimiento, María Esther, con un amigo fotógrafo, empezó a experimentar e innovar a través del lente. “Cuando los jóvenes innovan mandan al diablo todas las reglas. Lo que logró mi madre en aquel corto resultó bellísimo. Consiguió llenar de frescura cada toma”, cuenta Silvia Kantor.

¿Cómo era trabajar con tu madre?, le preguntamos. “Un vacilón —responde—. Ella sabía lo que quería e impregnaba su trabajo con frescura y originalidad”. Este mismo desenfado la llevó a embarcarse en distintos proyectos relacionados con el cine. Algunos perduran hasta la actualidad, como la Escuela de Cine y Televisión, la primera de su especialización en el Perú, y que luego se convirtió en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Lima.

Palant grabando el mediometraje "La independencia del Perú"
Palant grabando el mediometraje "La independencia del Perú"

Hoy, a los 86 años, María Esther Palant sigue pintando enormes lienzos, ha preparado un guion de cine con su hija Silvia, y se mantiene informada de los últimos estrenos a través de su smartphone. Como muchos de nosotros, ha sucumbido bajo los efectos hipnóticos de series y películas de Netflix.

Palant aguarda —dice su hija— el momento en que se puedan recuperar sus cintas. Entonces, todos descubriremos cuánto de verdad hay en estas películas que registran toda una época de la cultura peruana, que no merece ser olvidada ni quedar confinada en un archivo.