WUFAdelaida tenía su casa, pero entonces se la quitaron. Esta es solo una de las múltiples humillaciones por las que pasa la protagonista de “Aún es de noche en Caracas”, película dirigida por Marité Ugás (Perú) y Mariana Rondón (Venezuela) que muestra la vida en una ciudad asediada por sí misma. Entre el hambre, la miseria, los crímenes avalados por el estado y la sensación de que se vive en una cárcel sin barrotes, este thriller político-social llega a la cartelera solo unas semanas después de la invasión estadounidense a Venezuela, con el inmediato arresto del presidente Nicolás Maduro.
Adelaida tenía su casa, pero entonces se la quitaron. Esta es solo una de las múltiples humillaciones por las que pasa la protagonista de “Aún es de noche en Caracas”, película dirigida por Marité Ugás (Perú) y Mariana Rondón (Venezuela) que muestra la vida en una ciudad asediada por sí misma. Entre el hambre, la miseria, los crímenes avalados por el estado y la sensación de que se vive en una cárcel sin barrotes, este thriller político-social llega a la cartelera solo unas semanas después de la invasión estadounidense a Venezuela, con el inmediato arresto del presidente Nicolás Maduro.
Adaptación de la novela “La hija de la española” de la escritora y periodista venezolana Karina Sainz Borgo, la película es producida por el actor Edgar Ramírez, quien junto a la productora Stacy Persky invitó a las cineastas a escribir el guion, además de dirigir la cinta. Filmada totalmente en México ante la imposibilidad de hacerlo en Venezuela por la crisis, contó con unos 200 extras, efectos especiales prácticos, dobles de acción e incluso una ambientación detallada para recrear la capital, donde Adelaida (Natalia Reyes), quien está procesando un duelo, toma medidas extremas para ponerse a salvo.
En el thriller, lo usual es que el enemigo tenga un vínculo personal con el protagonista; y qué cosa puede sentirse más personal que tener a tu propio país como enemigo. “Manejamos todo el tiempo la ambivalencia: aquí no hay buenos y malos, todos son víctimas y victimarios. Cómo en un lugar donde la violencia llega a ser tan extrema, incluso la noción de ética individual se pierde para sobrevivir”, dijo Ugás en entrevista con El Comercio.
“En eso se sostiene el totalitarismo, en quebrar éticamente a la gente, en romperte y hacerte dudar del que tienes al lado. De crear los mecanismos perversos para que el que está al lado tuyo sea posiblemente tu enemigo. Es un esquema de opresión. Primero te someto al miedo y de ahí te pido que empieces a dudar del otro, te pido que puedas acusar al otro. En Venezuela existe una cosa que se llama el ‘patriota cooperante’, alguien que denuncia a otro por cualquier cosa”, añadió por su parte Rondón.
Las dos cineastas trabajan juntas en Sudaca Films, con la que estrenaron anteriormente “Zafari”, que mostró otra cara de la crisis venezolana aunque sin decirlo abiertamente. “Aún es de noche…”, desarrollada por la productora Redrum, sí dice abiertamente su lugar y época. La película se ambienta en las protestas ciudadanas del 2017; tomó casi una década procesar lo vivido. La historia es ficticia, pero el contexto es real e incluso el metraje incluye material de archivo de lo vivido en la ciudad caribeña.
Lo que de verdad importa
¿Cómo recibió Rondón el arresto de Maduro? “Todos los venezolanos creo que nos pusimos en guardia por los presos políticos, es lo que más nos importa. Hasta que no salga el último de ellos no podemos cambiar de tema. Muchos de ellos solo han sido excarcelados, no están libres, porque están impedidos de hablar. Son rehenes en la práctica”, dijo la cineasta venezolana.
“De repente uno ve ahora ‘El agente secreto’ (Brasil), de la dictadura de los años 70. Imagínate el tiempo que se tiene que tomar para hablar de hechos como este. En nuestro caso, que la hicimos menos de 10 años después, lo estamos haciendo casi en un estado de emergencia. Los espectadores venezolanos la están viendo ahorita y dicen: ‘por fin lo puedo explicar, por fin tengo palabras, por fin tengo imágenes para decirlo’”, añadió. Y la imagen tiene poder.
A continuación, la entrevista completa.
―¿Cómo fue el proceso de producción de esta película? Entiendo que los filmes pueden demorar años; me interesa saber cómo empezó todo y cómo llegaron hasta donde están ahora.
Marité Ugás: Esta película es una adaptación de la novela “La hija de la española”, de Karina Sainz Borgo. La novela salió a inicios de 2019 en la Feria de Frankfurt y, apenas aparece, se convierte en un éxito literario y editorial; fue traducida a muchos idiomas. Nos llega muy rápido, la leímos casi de inmediato y, obvio, nos encanta. Luego de unos meses Edgar Ramírez —actor venezolano que vive en Hollywood— junto con la productora mexicana, Red Room, nos llaman y nos invitan a adaptarla. Inmediatamente decimos que sí. Cuando tenemos ya la adaptación nos invitan a dirigirla a ambas. Fue súpercoincidente porque en ese momento estábamos en la producción de “Zafari”. Terminándola empezamos esta, que es por invitación, pero que hemos asumido como asumimos nuestras obras: desde un lugar muy personal. Nos interesó sobre todo porque la novela nos pareció fantástica y la mirada femenina que le podíamos imprimir… y estas historias intimistas que se parecen mucho a lo que solemos hacer nos calzaba dentro de nuestro discurso. La diferencia es que esta vez trabajamos dentro del género del thriller. ¿Cómo lo llamamos?
Mariana Rondón: Un thriller político de sobrevivencia.
Ugás: con un ritmo aceleradísimo.
Rondón: Trepidante. Esa es la palabra.
―Es un thriller hecho con mucho cariño; se nota el trabajo minucioso en los detalles.
Rondón: Sí, es una película que, aunque surge de una invitación, tenía desde el inicio un carácter muy personal. El drama que vive Venezuela es absolutamente personal e íntimo para nosotras.
―Es una película con escenas complejas: fuego, violencia, está la noche. Imagino que todo eso implicó varias consideraciones en la puesta en escena.
Ugás: La maravilla es que nos invitan a hacerla en México y nos dieron la posibilidad de elegir un equipo de producción e invitan a gente talentosísima para que trabaje con nosotros, muy joven, como Juan Pablo Ramírez en la dirección de fotografía, que hizo un trabajo extraordinario. En esta película teníamos ganas de manejar un lenguaje cinematográfico más cercano al género. Tenemos este plano secuencia donde se concentra la violencia de la noche... Tuvimos el lujo de contar con una producción que estuvo al servicio de hacer cosas mucho más ambiciosas. Ese plano secuencia lo ensayamos todo un día de rodaje para filmarlo al día siguiente; algo que nunca habíamos hecho por presupuesto.
Rondón: Tuvimos 200 extras. Derroche de vestuario: militares, milicias, policías, carros blindados, mucho fuego, muchos dobles de acción. Era de mucho riesgo el plano que estábamos haciendo. Se estaban moviendo muchas armas de guerra, que no las usábamos pero igual resultaba peligroso, entonces había todo un sistema de protección a los actores, a los extras. Fue fascinante trabajar una puesta en escena de este tipo que no habíamos hecho antes. El equipo mexicano fue increíble, pero más allá de sus virtudes profesionales lo más importante fue cómo nos abrazaron y cómo se apropiaron de la historia. Cómo protegieron a la historia hasta en los mínimos detalles. Por ejemplo, las casas en Caracas tienen piso de granito. Ellos han pintado a mano el piso de dos apartamentos para mantener esa fidelidad visual.

―En el thriller el enemigo suele tener un vínculo personal con el protagonista. Y qué enemigo puede ser mayor que tu propio país...
Ugás: Exacto. Y justo en este thriller manejamos todo el tiempo la ambivalencia: aquí no hay buenos y malos; todos son víctimas y victimarios. Cómo en un lugar donde la violencia llega a ser tan extrema, incluso la noción de ética individual se pierde para sobrevivir.
Rondón: En eso se sostiene el totalitarismo, en quebrar éticamente a la gente, en romperte y hacerte dudar del que tienes al lado. De crear los mecanismos perversos para que el que está al lado tuyo sea posiblemente tu enemigo. Es un esquema de opresión. Primero te someto al miedo y de ahí te pido que empieces a dudar del otro, te pido que puedas acusar al otro. En Venezuela existe una cosa que se llama el “patriota cooperante”, alguien que denuncia a otro por cualquier cosa.
Ugás: Es una perversión a todo nivel en la sociedad.
―Esto se ha visto en la historia: la Guerra Civil española, la Alemania nazi, la caza de brujas [macartismo] en Estados Unidos.
Ugás: Y no nos alejemos mucho de Perú tampoco. Tener el control de los medios no necesariamente a partir de una imposición, sino de ridiculizarlos. Las situaciones las vivimos en la época de Montesinos a la perfección. Y en estos momentos estamos viviendo una situación donde se negó una masacre que ya lleva dos años.
Rondón: Hay algo más que nos empeñamos en la película: construir un suspenso cinematográfico que va develando un mecanismo perfecto. Si controlo la comida entonces controlo tu independencia. Al pasar hambre dependes de mí y yo te obligo a hacer cosas, te tengo sometido. Es un engranaje del ejercicio del poder a través del hambre y el miedo.
―¿Se puede vivir un duelo personal, como vive la protagonista, cuando todo a tu alrededor es un infierno?
Rondón: Sí, se puede. Pero el duelo se vuelve más grande, más amplio. A veces perder la patria es el duelo más grande. Y esta es, fundamentalmente, una historia de pérdida. Perder a la madre, el amor, tu propia identidad.
Ugás: Lo que atraviesa el personaje, si bien la película habla de violencia, es una historia íntima sobre el dolor. Un dolor que se transmuta en muchas otras cosas. Es el duelo completo, desde perderse a uno mismo.
―¿Cómo recibieron la noticia de la invasión de Trump a Venezuela y la detención de Maduro?
Rondón: Nosotros tenemos 20, 27 años en un estado de alerta. Lo primero que pensamos es en los presos políticos; el gobierno venezolano siempre negó que existieran. Y ahora aparecen. Desde que llegaron los barcos americanos a las costas de Venezuela, todo el mundo sabía, los familiares fueron amenazados de que si hubiese una acción del gobierno americano, iban a matar a los presos. Todos los venezolanos creo que nos pusimos en guardia por los presos políticos, es lo que más nos importa. Hasta que no salga el último de ellos no podemos cambiar de tema. Muchos de ellos solo han sido excarcelados, no están libres, porque están impedidos de hablar. Son rehenes en la práctica.
Ugás: Cuando empezamos este proyecto queríamos que nadie ponga en tela de juicio que eso sucedió realmente. Tras lo de Maduro Venezuela está en primera línea de las noticias, pero desde hace dos años que venimos preparando esta película nos hemos enfrentado a situaciones de gente que no cree que eso haya sucedido o que piensen que el chavismo fue un gobierno de izquierda, no un gobierno totalitario-militarista. Incluso usamos imágenes de archivo emblemáticas de las revueltas. Que no es simplemente una ficción, sino que está basada en hechos que sucedieron en 2017. La diáspora venezolana ha sido la más grande en la época moderna de América Latina, que en lugares como Perú ha disparado una xenofobia insólita. Queríamos que se reflexione que si llegó toda esta gente al Perú no es porque les encantara venir a vacacionar acá, sino porque no les quedó más remedio.

―Desde la detención de Maduro han ocurrido varias cosas en Venezuela: el ascenso de su primera presidenta, liberación de presos políticos que, en algunos casos, fueron detenidos otra vez. Lo del Premio Nobel de la Paz y Trump... ¿Qué película se está formando ahora con todos estos hechos?
Rondón: Es complejo hacer una película de una situación tan difícil. De repente uno ve ahora “El agente secreto” (Brasil), de la dictadura de los años 70. Imagínate el tiempo que se tiene que tomar para hablar de hechos como este. En nuestro caso, que la hicimos menos de 10 años después, lo estamos haciendo casi en un estado de emergencia. Los espectadores venezolanos la están viendo ahorita en Latinoamérica; dicen: “por fin lo puedo explicar, por fin tengo palabras, por fin tengo imágenes para decirlo”. Somos casi 9 millones de venezolanos que hemos tenido que salir al mundo y donde la mayoría de gente no nos cree lo que nos estaba pasando. Hacer una nueva película con lo que está pasando está muy difícil porque tenemos varios años que superar, y las películas requieren un período de reflexión.
―Vi la película y no pude evitar sentir miedo. ¿Qué es lo que separa al Perú de lo que estoy viendo en estas imágenes?
Ugás: Es un llamado de alerta. Nuestras democracias son tan frágiles que, si no estamos pilas, nos pueden llevar por delante. Y aquí los discursos populistas están a la orden del día.
Rondón: En la construcción de la película nos esmeramos mucho en no tener que nombrar a quién tiene el poder, sino las consecuencias de ese poder en la cotidianeidad. Porque eso nos permite hablar mucho más allá de un país, nos permite hablar de un continente. En cualquier momento esas imágenes se pueden parecer o a la de EE.UU. o a la de cualquier otro país latinoamericano.
Marité: Y no solo latinoamericano.
Rondón: Tenemos que estar alertas a lo que el poder pueda hacer sobre nosotros.
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