Tim Burton (California, 1958) durante un evento promocional de "Beetlejuice Beetlejuice". (AP)
Tim Burton (California, 1958) durante un evento promocional de "Beetlejuice Beetlejuice". (AP)
/ Scott A Garfitt
Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Jocosa heredera de Edgar Allan Poe y más que obvia influencia para “Pataclaun”. Así de amplio es el rango que cubre “Beetlejuice”, la película de Tim Burton de 1988 que, con los años, ha ido ganándose un estatus de culto contemporáneo por lo menos entre una legión de seguidores del director californiano. Su encanto radica en la simpleza de su relato sobre fantasmas: cuando una joven pareja muere súbitamente en un accidente de tránsito, sus almas quedan penando en la enorme casa que cuidadosamente acondicionaron. Pronto, sin embargo, llegarán nuevos inquilinos; y para espantarlos tendrán que recurrir a un espectro más experimentado, pero también más insolente, el Beetlejuice que le da nombre a la película.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: