Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

A más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, en las inmediaciones de Ocongate (a tres horas del centro de Cusco), el pequeño Feliciano alza su vieja radio con la antena apuntando al cielo y la agita como si eso ayudara a captar mejor la señal. De pronto, aunque entrecortada, se va aclarando la voz que Feliciano quiere escuchar: la del locutor que narra uno de los partidos de la selección peruana en las Eliminatorias al Mundial de Rusia 2018. El proceso que ya todos conocemos cómo terminó. El camino que nos hizo felices a todos.

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