Marco Aurelio Denegri publica la columna "El ojo de Lima" todos los domingos. (Foto: El Comercio)
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Marco Aurelio Denegri

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El misoneísmo es la aversión a las novedades; del griego myso, odiar, y neos, nuevo.

Misoneístas son los primitivos, cuya regla suprema, como dice Lévy-Bruhl, es hacer lo que los antepasados hicieron y no hacer lo que no hicieron.

Este temor a lo nuevo, este miedo morboso al cambio, esta indehiscencia o inapertura es, como expediente, el mejor para sumirse tranquilamente en el más formidable de los estancamientos.

Para progresar es menester gustar de lo nuevo, quererlo, amarlo; el avance supone el filoneísmo (de filo-, forma prefija del griego philos, amante, y neos, nuevo) o la neofilia (del griego neos, nuevo, y -filia, forma sufija que en nombres femeninos expresa simpatía, afición o amor por alguna cosa).

El filoneísta o neófilo adelanta; el misoneísta se estanca y retrocede. Aquél es dehiscente; éste, indehiscente. El misoneísmo es rerum novarum odium, o fastidium, o taedium. El filoneísmo, en cambio, es rerum novarum studium. El misoneísta es enemigo de lo nuevo: rerum novarum inimicus, o aversus animus. El filoneísta, no solamente ama las cosas nuevas, sino las ansía. De él se puede decir lo que decía César de los galos: rerum novarum cupidus.

–Vericida–
Asesino de la verdad; del latín véritas, verdad, y caedere, matar. En un mapa del siglo XVI, aparece un misterioso «Golfo de Vericida», que como bien dice Rosenblat, ha de ser, muy posiblemente, copia disparatada de «Golfo de Venezuela». (Cf. Ángel Rosenblat, Buenas y Malas Palabras. Caracas-Madrid, Ediciones Edime, 1960, II, 426.)

Pululan los vericidas y es corrientísimo el vericidio, sobre todo en el mundo de la política; casi no hay político que no sea vericida; o mejor dicho, para ser político es condición indispensable ser vericida.

Entre los muchos compuestos con el sufijo -cida que admite la Academia, está liberticida, o sea el que mata o destruye la libertad. ¿Por qué no puede estar entonces, en el DRAE, vericida? Al fin y al cabo, la verdad y la libertad se relacionan estrechamente.

–Anacoluto–
Del griego anakóloutos, inconsecuencia. Es un solecismo o error contra la exactitud o pureza idiomática, consistente en la inconsecuencia o falta de ilación en la construcción de una frase o en el sentido general de la elocución o modo de elegir y distribuir las palabras o los pensamientos en el discurso.

Los hombres suelen ser anacolúticos en su vivir. No serlo significa tener consecuencia, y tenerla es haber correspondencia lógica entre la conducta de uno y los principios que uno profesa. Cuando la hay, somos auténticos.

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