El peruano Julio Ramón Ribeyro (izquierda) y el argentino Osvaldo Bayer (derecha), ambos escritores aficionados del 'deporte rey'. En el centro Lionel Messi y Wilber Cartagena se miden las fuerzas en un partido durante las eliminatorias del Mundial de Fútbol 2018. Este 14 de octubre las selecciones del Perú y Argentina se vuelven a medir las fuerzas. (Foto: Composición Sergio Urday/GEC/AFP)
El peruano Julio Ramón Ribeyro (izquierda) y el argentino Osvaldo Bayer (derecha), ambos escritores aficionados del 'deporte rey'. En el centro Lionel Messi y Wilber Cartagena se miden las fuerzas en un partido durante las eliminatorias del Mundial de Fútbol 2018. Este 14 de octubre las selecciones del Perú y Argentina se vuelven a medir las fuerzas. (Foto: Composición Sergio Urday/GEC/AFP)
Por Czar Gutiérrez

“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”, decía. Y después, ensayando un disparo que apuntaba directamente al pórtico defendido por Rudyard Kipling y J.L. Borges, enemigos declarados del balompié: “¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Y entonces decidió convertir su vieja Olivetti en una sinfónica de los sentidos: “Su majestad el fútbol” (1968) y “El fútbol a sol y sombra” (1995) son libros cargados de una prosa relampagueante y exquisita, certera y letal como un tiro libre que describe una parábola en el aire y se clava en el ángulo. Ese fue Eduardo Galeano (1940 - 2015), mensajero, dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor, peregrino de América y exquisito jugador de fútbol… en sus sueños.

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