César Acuña (izquierda) es la materia de investigación del libro "Plata como cancha", del periodista Christopher Acosta. (Foto: Jessica Vicente/José Rojas/GEC)
César Acuña (izquierda) es la materia de investigación del libro "Plata como cancha", del periodista Christopher Acosta. (Foto: Jessica Vicente/José Rojas/GEC)
José Carlos Yrigoyen

Los últimos lamentables acontecimientos hacen forzoso regresar a las páginas de “”, la investigación de acerca de la trayectoria política, académica y personal de , cuestionado dueño de la Universidad César Vallejo e incontestable líder del partido Alianza para el Progreso. Como sabemos, Acosta fue condenado, junto al director general de su casa editora, por supuestamente haber publicado 34 frases difamatorias contra Acuña. Pero una atenta lectura del volumen desmiente tal acusación de manera palmaria.

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“Plata como cancha” es, desde un punto de vista metodológico, un trabajo macizo y riguroso. Si estamos de acuerdo en que un periodista no está obligado a probar la veracidad de lo que sus fuentes afirman, sino garantizar que sus entrevistados han declarado lo que efectivamente declaran, cualquier señalamiento por difamación se derrumba como un castillo de naipes. Acosta no solo se ampara en versiones de personas cercanas al círculo íntimo y político de Acuña; se sirve también de apabullante documentación certificada para demostrar que el político de la “raza distinta” plagió sus tesis de maestría y doctorado, que utilizó recursos públicos a favor de sus intereses partidarios y electorales, que se apropió de la autoría de un libro ajeno -y que, en el colmo del cinismo, pretendió encausar a su autor legítimo por atentar contra su honor- entre otras pillerías. No he encontrado en ninguna parte de este libro descuidos especulativos ni nada que no esté sostenido en lo que la deontología de la profesión de Acosta exige.

Un ejemplo es el notable capítulo consagrado a las tesis de Acuña. Los datos recabados no dejan lugar a duda: el exalcalde de Trujillo hizo suyos, sin señalar la fuente de ninguna forma -y echando mano del burdo recurso del corta y pega, en ocasiones sin modificar el tipo de letra de los textos originales- extractos de libros y artículos ajenos, a lo largo de folios enteros. Para que su proceder fuera lo más indetectable posible, parafraseó estos préstamos inopinados suprimiendo o aumentando vocablos o cambiando algunos por sus sinónimos. Tales ardides no tuvieron éxito y la Universidad Complutense de Madrid estaba dispuesta a retirarle a Acuña el grado de doctor. Con el objetivo de preservar sus títulos académicos, Acuña apeló a argucias administrativas y contrató abogados carísimos, pero las evidencias están ahí, quemantes, y ni siquiera todo el dinero del magnate podrá borrarlas.

Se ha comentado poco el perfil psicológico que Acosta ha compuesto sobre Acuña. Este es tan perturbador como sus acciones judicializables. Dos de sus exparejas coinciden en que se trata de un individuo “de ego desbordante, un desmedido sentido de autosuficiencia y una percepción míticoreligiosa que linda con lo clínico, o lo absurdo”. Una de ellas, Rosa Núñez, narra esta inquietante (o risible, según cómo se mire) anécdota: “En la pared de su oficina había puesto: Un milagro hecho realidad, César Acuña. Llegué y le dije: oye, ¿esa tontería has puesto? Y me dijo: es que yo soy un milagro hecho realidad. Dios ha hecho un milagro y se llama César Acuña, y yo voy a gobernar el Perú”. Ese desconcertante culto a la personalidad ha arribado a extremos penosos como autodenominarse “el único peruano que tiene capacidad investigativa” y a sopesar erigirse una estatua en el campus de su universidad. Acuña se convenció de que el prestigio intelectual y la posteridad pueden comprarse como compra sus onerosos ternos en las mejores tiendas de Europa; Acosta ilustra con detalle esa desmesurada pretensión mostrándola en su máximo patetismo.

Aunque “Plata como cancha” consta de algunos capítulos elaborados con menos atractivo que otros, resulta una investigación solvente. Querer amedrentar a Christopher Acosta a través de una sentencia espuria que significa un alarmante precedente para la libertad de expresión debería preocupar no solo a los implicados, sino a todos aquellos quienes publicamos en la prensa o libros de no ficción. César Acuña ya ha hecho un enorme daño a la institucionalidad política y a la educación en el Perú; no permitamos que sus oscuros intereses alcancen también el elemental derecho de emprender trabajos periodísticos con la pulcritud que Acosta demuestra en este sólido perfil.

LA FICHA

Christopher Acosta. Plata como cancha. Secretos, impunidad y fortuna de César Acuña.

Aguilar, 2021. 162 pp.

Relación con el autor: ninguna.

VALORACIÓN

Valoración: 3.5 estrellas de 5 posibles.

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