Rosa Granda Valderrama (Lima, 1983) es la autora de los poemarios "Torschlusspanik" y "Un sonido amarillo". (Foto: Hugo Pérez)
Rosa Granda Valderrama (Lima, 1983) es la autora de los poemarios "Torschlusspanik" y "Un sonido amarillo". (Foto: Hugo Pérez)
Juan Carlos Fangacio Arakaki

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

A manera de epígrafe, una cita atribuida a Dziga Vertov: “Nuestros ojos, moviéndose como hélices, parten rumbo al futuro en el vuelo de las hipótesis”. La alusión al cineasta soviético, director de esa obra maestra titulada , le sirve a la peruana Rosa Granda (Lima, 1983) para ensamblar “Un sonido amarillo”, un poemario audaz y cinético que se va disparando en diferentes direcciones, justamente como el libre encadenamiento de los fotogramas de un filme de vanguardia.

LEE TAMBIÉN: José Ignacio Padilla: “Me interesa esa zona donde se combinan las ideas y los afectos”

Sostenido sobre el escrupuloso diseño de la editorial Álbum del Universo Bakterial, el libro de Granda se presenta como un “montaje en 21 notas”, que si bien se robustece de varias referencias artísticas (de la música de Olivier Messiaen a la pintura de José de Ribera), encuentra en los intersticios del lenguaje poético la oportunidad para consolidar una voz sugerente e hipnótica.

Quisiera empezar por el título: ¿”Un sonido amarillo” es una alusión a la sinestesia o una elección meramente poética?

Ese título está en uno de los poemas y aparece con el trabajo editorial ya bien avanzado. Sí tiene bastante que ver con la sinestesia que mencionas, y también funciona como una pequeña clave, junto con lo del montaje poético, haciendo alusión a lo que yo había leído, a los artistas que están ligados a lo largo del texto y que hacían referencia al color amarillo.

Hablemos de esas referencias, que son varias, cinematográficas, musicales, pictóricas, y que parecen una suerte de diálogo con otros creadores. ¿Fue plenamente consciente su inclusión?

Sí, era algo planificado desde el comienzo. El relacionar el libro directamente con la idea del montaje era una propuesta que yo le había comentado a Arturo Higa [editor del ] justamente por haberme fijado en el cine soviético de vanguardia. Era una propuesta que me servía para estructurar los poemas y que me permitía usar esas imágenes. Y a ello se sumó la materialidad: hacer el agujero en la portada, crear esta imagen que se desprende, y que todo de alguna forma sostenga visualmente. Porque en el ámbito verbal sí está un poco “des-centrada”, pero se crea así para que el lector siga con la mirada el recorrido planteado en este cine. Cuando las imágenes aparecen, hay que armarlas, hay que darle de alguna manera esta sintaxis que en el texto aparece más afianzada con los elementos visuales.

"El hombre de la cámara", película de 1929 dirigida por Dziga Vertov. El cine soviético de vanguardia es uno de los principales referentes para la escritura de "Un sonido amarillo", de Rosa Granda.
"El hombre de la cámara", película de 1929 dirigida por Dziga Vertov. El cine soviético de vanguardia es uno de los principales referentes para la escritura de "Un sonido amarillo", de Rosa Granda.

Curiosamente, no hay muchas referencias a poetas. ¿A quiénes lees últimamente o en todo caso a quiénes vuelves con mayor asiduidad?

Es cierto, las referencias más claras del libro son de artistas visuales. Respecto a la poesía, me gusta leer mucho a Antonin Artaud, a quien conocí por sus ensayos pero terminé leyendo mucho más su poesía. Me gusta leer mucho a los peruanos del 60 o 70. Lucho Hernández, “Contra natura” de Rodolfo Hinostroza, Enrique Verástegui. Y bueno, el Vallejo de “Trilce” es inagotable. Pero en general suelo leer más ensayos. Para este libro leí la “Teoría de los colores” de Goethe, que me ayudó muchísimo justamente por cómo describe los colores, y leía también los diarios de Klimt. Generalmente voy por el ensayo y luego paso a la poesía.

¿Cómo se realizó específicamente el trabajo con el Álbum del Universo Bakterial? ¿El diseño intervino lo ya escrito? ¿O viceversa?

Cuando el texto ya estuvo construido, la lectura de Arturo descubre ese tránsito que te comentaba y los momentos de exploración. En su mayoría los poemas avanzan de la mano con las artes visuales. Entonces, por ejemplo, las formas geométricas con las que comienza el libro se toman del poema que hace alusión a José de Ribera y la pintura del compás. A partir de allí empieza el punto, luego las líneas, y se comienzan a disgregar a lo largo del texto. Se crean estos volúmenes que van graficando los poemas desde la materialidad, y que son una manera de recorrer el espacio a través de la mirada del lector. Una estabilidad que se ofrece en contraposición con el lenguaje verbal que, en una primera lectura, puede parecer “des-centrado”, como te decía, pero que en realidad se maneja con los parámetros que propone este cine ruso de vanguardia, un montaje que se reinterpreta en el lenguaje, en lo poético.

Tu anterior poemario, “Torschlusspanik”, parecía construido con una corriente del subconsciente. Este da la impresión de ser más contenido. ¿O es solo una impresión mía?

Yo diría que se toman varios elementos de la modernidad. Lo veo así porque tiene esa mirada hacia adelante, esa búsqueda, emparentado con la filosofía moderna de que a medida que va buscando, va construyendo su verdad. Y es curioso cómo eso se enlaza también con el cine, porque al final tú terminas reconstruyendo con pedazos e imágenes la historia que tu cabeza te indica. También me quedo con un comentario que hizo Mirko Lauer, que decía que era un retorno al neobarroco. En todo caso, sería un barroco posmoderno, porque sí hay un desborde en los límites verbales y visuales, y una heterogeneidad. En comparación con “Torschlusspanik”, donde todo estaba más orientado al inconsciente, “Un sonido amarillo” se abre mucho más a los espacios, y de diversas formas, ya sean geométricas o discursivas.

Rosa Granda Valderrama (Lima, 1983) es la autora de los poemarios "Torschlusspanik" y "Un sonido amarillo". (Foto: Hugo Pérez)
Rosa Granda Valderrama (Lima, 1983) es la autora de los poemarios "Torschlusspanik" y "Un sonido amarillo". (Foto: Hugo Pérez)

¿Tu proceso de escritura es meticuloso, detallista? ¿Cómo llegas a la versión final de un poema?

Sí, soy bastante rigurosa en las revisiones. Entre el primer poemario y el segundo pasé casi cinco años trabajando en un texto. Ni siquiera pensando en publicarlo, porque estaba distanciada de todo lo que es el proceso editorial. Pero sí lo revisé con bastante meticulosidad. El año de la pandemia me sirvió para organizar estos escritos. Y con Arturo Higa nos habremos tomado unos cuatro meses entre las ediciones y las conversaciones. Trabajamos a pantalla compartida, cosa que él me decía no era tan usual, porque necesitábamos conversar sobre el diseño, y la lectura que él hizo y mi propuesta visual tenían que armonizar desde el primer momento. Afortunadamente fue bastante sencillo trabajar con él. Pero sí, es muy difícil que yo pueda escribir un poema de un tirón. Necesito hacer muchas revisiones.

Me llama mucho la atención el uso de otros idiomas, usualmente en referencias. ¿Por qué la decisión de conservarlas en su lengua original en el poema?

A mí me gusta que los poemas dialoguen, no solo con otros autores, sino también con otras formas de decir. El lenguaje te ofrece esa contingencia, el hecho de que sí hay más posibilidades de decir. Entonces proponerlo en el poema es la forma que yo tengo de transmitirlo. La búsqueda, que se relaciona con lo que te decía sobre el pensamiento moderno. Atender a lo que se encierra con otras lógicas. Además es una manera en que el lector se vuelva a atender, ya no con una mirada, sino sobreimprimiendo esta mirada. Y eso puede favorecer al movimiento simplemente por cómo lo escuchas en tu cabeza.

Sé que has trabajado en fotografía de moda y ‘styling’. Prejuiciosamente, uno podría pensar que nada más alejado de la moda que la poesía. ¿Cómo lo vinculas tú?

Es curioso que lo menciones pues yo dejé justamente la carrera de Literatura porque sentía que me faltaba un apoyo más visual. Y me incliné por la fotografía, una carrera que por cierto había idealizado. Cuando llegué me di cuenta de que todo era técnica. Yo he trabajado con modelos, en producciones, y sí es un trabajo que puede resultar banal o superficial, pero en el fondo también hay un prejuicio, como dices. A mí sí me ayuda mucho porque cuando haces el diseño y la composición de una producción, no solo debes manejar la paleta de colores para los vestuarios, sino que en general influye muchísimo porque es un trabajo meramente visual. Todo eso ayuda a enriquecerte. Yo no soy académica, soy más que nada autodidacta, y tomar esas pequeñas situaciones me ayuda muchísimo. Todo lo referente a la moda se suele ver divorciado de la escritura, pero en mi caso sí ha ido de la mano.

“Un sonido amarillo”

Autora: Rosa Granda Valderrama

Páginas: 64

Editorial: Álbum del Universo Bakterial

El libro puede adquirirse en las librerías Inestable, El Virrey, Sur, Escena Libre, La Rebelde, La Pajarera y Buensalvaje.

"Un sonido amarillo", de la poeta Rosa Granda, ha sido publicado por la editorial Álbum del Universo Bakterial.
"Un sonido amarillo", de la poeta Rosa Granda, ha sido publicado por la editorial Álbum del Universo Bakterial.


TE PUEDE INTERESAR

sdsd