Todos los reclamos tirados en el piso. En "Qué locura enamorarme yo de ti", el escenario se convierte en la realidad que Wiener vivió. (Foto: El Comercio)
Todos los reclamos tirados en el piso. En "Qué locura enamorarme yo de ti", el escenario se convierte en la realidad que Wiener vivió. (Foto: El Comercio)
Juan Diego Rodriguez Bazalar

Es una junta que clamaba por concretarse. Por un lado, , la dramaturga que hace rato madura un lenguaje propio dentro del teatro testimonial. Por el otro, , la escritora que ha hecho de su vida la materia prima de sus obras. Ahora, por fin, ambas colaboran en "Qué locura enamorarme yo de ti", puesta en escena que ya se puede ver en el teatro La Plaza.



Originalmente, el texto fue ideado como una lectura performática. De hecho, Wiener lo estuvo mostrando en algunos escenarios y, en una de las presentaciones (en julio del año pasado en el Centro Cultural de España), coincidió con De Althaus. Allí se empezó a concretar la colaboración.

Mariana de Althaus se sumó al proyecto de Wiener para agregar los elementos dramáticos necesarios para que la obra llegara al teatro. (Foto: El Comercio)
Mariana de Althaus se sumó al proyecto de Wiener para agregar los elementos dramáticos necesarios para que la obra llegara al teatro. (Foto: El Comercio)

"Creo que nuestras obras están bastante hermanadas y creo que nos descubrimos mutuamente porque estábamos explorando los mismos temas –afirma Wiener–. La maternidad, las relaciones de pareja, etc. Desde hace algunos años ya nos veníamos citándonos mutuamente. Alguna vez le conté una historia familiar y a ella le pareció interesante como para integrarla en un montaje. Luego yo vi ‘Criadero’ y encontré correspondencias con mi libro ‘Nueve lunas’. Había una retroalimentación y, un día después de que leí la obra en Lima, ella me buscó y me pidió el texto. Hicimos una prueba y ella pensó que esto podía funcionar en el teatro y yo le creo".

Después de pequeñas añadiduras, el texto se convirtió en un espectáculo escénico de corte de teatro testimonial. Allí hay salsa, llantos, revelaciones, baile, caos. No podría ser de otra forma: Wiener, la protagonista, cuenta desde la soledad del escenario los pormenores de su vida poliamorosa junto a Jaime y Rocío y los de una crisis que estuvo a punto de destruir su hogar.

"La crisis ocurrió justo cuando los tres [Rocío, Jaime y Gabriela] tuvimos un bebe, situación que disparó todo. Para mí –comenta la autora nacional que debuta en el teatro–, repetir la historia es como ritualizarla, de forma que cada vez que la vuelvo a contar desactivo cosas que me han dolido. Es, de alguna manera, una catarsis porque tiene humor, es casi tragicómica".

—Hacia adentro—
Para Wiener, "Qué locura enamorarme yo de ti" también es una forma de explicarse a sí misma las razones de sus decisiones y entender cómo llegó al punto de la fragilidad máxima, entre frustraciones y desengaños. "Para eso hago una especie de autoanálisis en el que incluyo mis propias experiencias de vida familiar –cuenta–. En qué tipo de hogar me crié, qué tipo de familia tuve, qué tipo de pareja preferí y en qué quise convertirme para no repetir las historias que tienen que ver con el tipo de amor romántico excluyente que tanta violencia genera. Sin embargo, el hecho de descubrir que yo quería amar de otra manera y hacer familia de otra manera no fue la garantía de que la teoría se iba a aplicar. No fue un traslado perfecto, sino conflictivo".

—Mirada retrospectiva—
¿Alguna vez Wiener se ha arrepentido de lo que ha publicado? "No, eso habría pasado si hubiese ocasionado un daño terrible y creo que no ha pasado. Espero nunca haberlo hecho con lo que he escrito".
En todo caso, ¿qué la haría deja de contar sus intimidades? "Bueno, llamarlas intimidades suena un poco raro, como a secretitos sucios y sexuales –bromea–. A mí me gusta la intimidad por su verdad. Creo que deberíamos compartir más, digamos; hacer más franco el diálogo humano. Siempre tendemos a la pose, ponemos escudos y artificios, y eso en la literatura, a mí por lo menos, me distancia. Me gusta la crudeza, la desvergüenza, lo explícito, lo íntimo, lo verdadero, y por eso lo defiendo. Si durante la escritura no hiciera procesos de desenmascaramiento, desnudez, autorrevelación y de romper tabúes y abrir puertas, entonces para mí no tendría ningún sentido".