Un monumento en Estambul para conmemorar el centenario de los asesinatos masivos de armenios en el Imperio Otomano. (Foto: EFE)
Un monumento en Estambul para conmemorar el centenario de los asesinatos masivos de armenios en el Imperio Otomano. (Foto: EFE)
Por Héctor López Aréstegui

Un hecho que se ha repetido a lo largo de la historia es, sin duda, analizar el valor de algunas palabras que, además de dar nombre a una situación, reflejan en sus orígenes las circunstancias de su concepción. Tal es el caso de la palabra genocidio, que adquirió entidad en 1948 cuando las Naciones Unidas la reconocieron como un delito del Derecho Internacional definiéndola como “la persecución sistemática y destrucción total o parcial de grandes grupos humanos por motivos de nacionalidad, de raza, de religión o políticos” gracias a la cruzada personal del jurista polaco-judío Raphael Lemkin (1900 – 1959).

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