

Un equipo de arqueólogos de la empresa Cálidda halló el entierro de un joven adulto con una antigüedad aproximada de 2.000 años en el distrito de San Isidro.
Un equipo de arqueólogos de la empresa Cálidda halló el entierro de un joven adulto con una antigüedad aproximada de 2.000 años en el distrito de San Isidro.
El descubrimiento se produjo de manera fortuita durante las excavaciones para la instalación de redes de gas natural, revelando una vez más la riqueza histórica oculta bajo el asfalto de la capital.
Los restos, encontrados en posición flexionada, pertenecen posiblemente a la cultura Lima o a grupos del Periodo Formativo Superior. Este hallazgo confirma que la zona no solo fue agrícola, sino que albergó asentamientos con prácticas funerarias complejas mucho antes del desarrollo del Imperio Inca en la costa central.
El individuo fue depositado junto a una pequeña vasija de cerámica y envuelto en diversas capas de fibra vegetal, lo que sugiere un tratamiento ritual específico para su época. Según los especialistas, la profundidad de apenas 40 centímetros evidencia cómo el crecimiento urbano moderno ha convivido directamente sobre cementerios y estructuras de sociedades milenarias.
Tras el rescate, los restos fueron trasladados a laboratorios para estudios bioantropológicos que determinarán con precisión la dieta y salud del individuo. Estos análisis permitirán comprender mejor las condiciones de vida de los antiguos habitantes del valle del Rímac y la organización social de los primeros asentamientos que ocuparon lo que hoy es Lima.
El descubrimiento subraya la importancia de la arqueología preventiva y también supone un vistazo importante a las vidas de los antiguos peruanos y las prácticas funerarias de nuestros ancestros.
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