Aunque no parezca, el Perú está nuevamente en campaña. Acabamos de pasar por una elección nacional y ya estamos debatiendo quiénes gobernarán nuestras regiones y ciudades. La política nacional seguirá, inevitablemente, ocupando titulares, pero vale la pena cambiar de escala. Lima, donde vive casi un tercio del país, ocupa una posición de poder muy importante. Muchas otras ciudades miran hacia la capital para repetir modelos de desarrollo urbano y, lamentablemente, esta no suele dar el mejor ejemplo.
¿Pero qué Lima está en contienda? Una que vuelve a vivir bajo estado de emergencia por la inseguridad. Una donde los transportistas amenazan con paralizar sus servicios nuevamente, asediados por la extorsión. Una donde los vecinos deben organizarse para proteger sus parques y barrios frente a proyectos viales que los amenazan. Una donde discutimos sobre trenes, corredores y nuevas pistas mientras millones de personas continúan yendo todos los días a trabajar en condiciones que dejan mucho que desear. En medio de la campaña, antes de escuchar todo lo que los candidatos quieren construir, deberíamos preguntarnos algo más sencillo: ¿cómo queremos vivir?
La última encuesta de Lima Cómo Vamos ofrece algunas pistas. Solo el 29% de los ciudadanos está satisfecho con Lima y Callao como lugar para vivir. La inseguridad encabeza largamente nuestros problemas y el 78,3% se siente inseguro. Pero hay un dato aún más revelador: casi la mitad ha dejado de ir a determinados lugares o zonas por miedo. Es decir, la inseguridad no solo amenaza nuestra vida y patrimonio. Nos está quitando ciudad. Dejamos de salir, cambiamos nuestros recorridos, evitamos determinados horarios y lugares. Una ciudad que no podemos usar libremente es, inevitablemente, una ciudad que se nos hace más pequeña.
Algo parecido ocurre con la movilidad. Para ir al trabajo, el 45,5% utiliza una combi o coaster y el 22,6% un bus. Apenas el 5,5% usa un auto propio. Sin embargo, buena parte de nuestras discusiones sobre transporte sigue girando alrededor de pistas, tráfico y automóviles. Tan es así que seguimos escuchando propuestas para construir más y más ‘by-pass’. No logramos desprendernos de la idea de que debemos mover autos, cuando deberíamos enfocarnos en mover personas.
Pero la encuesta también nos dice algo sobre la ciudad que sí queremos. Cuando se pregunta qué valoramos al pensar en una vivienda ideal, el 43,6% responde estar cerca del trabajo o lugar de estudios; el 43%, cerca de parques y áreas verdes; y el 37,3%, cerca del transporte público. Queremos vivir más cerca de las cosas que necesitamos. Perder menos tiempo trasladándonos, tener parques próximos, contar con un transporte público que nos conecte y no nos condene a viajes interminables. Y aunque el miedo nos haya acostumbrado a las rejas, el 71,5% sigue pensando que los espacios públicos deben ser de libre acceso. Estamos pidiendo una ciudad más compacta, más integrada y con mayor mezcla de usos. Una ciudad bastante distinta a la que hemos construido.
Por eso, esta campaña municipal no debería convertirse, otra vez, en un concurso para ver quién ofrece más kilómetros de pistas, cámaras u obras monumentales. Todo eso puede ser necesario o complementario, pero no debería ser el objetivo. A quienes quieren gobernar Lima habría que preguntarles algo más importante: ¿cómo será nuestra vida después de cuatro años de su gestión?
¿Podremos salir sin miedo? ¿Llegaremos más rápido al trabajo? ¿Tendremos un parque cerca? ¿Podremos caminar? ¿Seguiremos necesitando cruzar media ciudad para estudiar, trabajar o atendernos? ¿Recuperaremos nuestros espacios públicos? ¿Seguiremos siendo víctimas de siniestros viales?
Aunque los limeños y limeñas no seamos todos expertos en urbanismo, sí sabemos bastante bien cómo queremos vivir. En esta campaña, les toca a los candidatos explicarnos cómo piensan acercarnos a esa ciudad.
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