En la comunidad ticuna de San José de Yanayacu, en la frontera de Loreto, hay estudiantes que no saben lo que es una biblioteca. Esta situación se repite en muchas zonas alejadas del Perú, donde la curiosidad de la infancia espera descubrir el mundo a través de un libro. Nuestra República cumple 205 años, el mismo tiempo de vida institucional de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), y los desafíos que persisten deben ser vistos también como una posibilidad.
Más allá de los pendientes históricos, siempre será motivo de celebración que San Martín decidiera crear una Biblioteca Pública Nacional para que los hombres y los pueblos pudieran “acrecentar el caudal de sus luces” (Bando Público, 28 de agosto de 1821). Así nació esta institución bicentenaria, hoy fundamental para proteger el patrimonio bibliográfico peruano y garantizar el acceso a la información y el conocimiento.
En la BNP custodiamos, conservamos y difundimos el patrimonio bibliográfico documental del país, y desarrollamos acciones para su identificación y declaración como Patrimonio Cultural de la Nación. Nuestros fondos se incrementan mediante donaciones y el depósito legal, vigente desde 1822, que en el 2026 alcanzó un hito: tener un centro de acopio en cada región.
También ofrecemos salas de lectura e investigación en la Gran Biblioteca Pública de Lima, San Borja y las estaciones de biblioteca pública. Para superar las barreras geográficas, contamos con cinco plataformas digitales que reúnen más de 85.000 contenidos. Promovemos la literatura infantil y juvenil y el rescate de obras con criterios de inclusión y pertinencia intercultural. Esta labor dialoga con programas como Lectura que Cura, Bibliocine y las caravanas regionales de lectura.
Desde mediados del siglo XX, buscamos extender nuestros servicios mediante bibliobuses y estaciones bibliotecarias. También transitamos de un modelo centralizado hacia un Sistema Nacional de Bibliotecas con enfoque territorial. Pero las brechas persisten: de 1.894 gobiernos locales, solo el 25% tiene una biblioteca pública y casi el 97% de las comunidades rurales carece de este servicio. Frente a ello, impulsamos las bibliotecas rurales. En el 2025, inauguramos Yachaq Sunqu, en Chonta, Huancavelica, primer paso de una red orientada a ofrecer espacios para la cohesión social y la alfabetización informacional.
No podemos hablar de democratización de la cultura mientras no logremos llegar a todo el país, desde las orillas del mar y los ríos hasta las cumbres de los Andes, por eso debemos sumar más esfuerzos, públicos, privados y civiles. El camino es largo, pero en sus linderos se advierte un verdor de esperanza.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.