Oriente MedioLas últimas elecciones de Trump
“Todavía quedan nuevas historias de Trump por escribir. Sin embargo, las elecciones de medio mandato de noviembre marcarán un punto de inflexión en la historia reciente de Estados Unidos”.

Presidente de Eurasia Group

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Pocas ideas están más arraigadas en la marca política de Donald Trump que su constante afirmación de que la izquierda estadounidense le roba las elecciones. “Si no los detenemos, ya no tendremos un país”, advierte Trump a sus multitudes.
Pocas ideas están más arraigadas en la marca política de Donald Trump que su constante afirmación de que la izquierda estadounidense le roba las elecciones. “Si no los detenemos, ya no tendremos un país”, advierte Trump a sus multitudes.
Cuando derrotó a Hillary Clinton en 2016, sin obtener la mayoría de los votos, insistió en que millones de personas habían votado en su contra de manera ilegal y que el Partido Demócrata había “amañado las elecciones”. Cuando perdió ante Joe Biden en 2020, lanzó estas y más acusaciones, para luego alentar un asalto al Capitolio con el fin de frenar la certificación de los resultados. En 2024, afirmó que los demócratas solo habían reconocido su victoria sobre Kamala Harris porque el margen había sido “demasiado grande para amañarlo”.
Ahora Trump se enfrenta a su última prueba en las urnas. Su nombre no aparecerá en la papeleta este noviembre, pero los resultados de las elecciones legislativas de mitad de mandato casi siempre se consideran un referéndum sobre el presidente. Estas próximas elecciones llegan en un momento de fuerte impopularidad para Trump. Sus cifras en las encuestas son más bajas que las de cualquier presidente estadounidense en su segundo período en los últimos 80 años, con la única excepción de Richard Nixon en vísperas de su dimisión en 1974.
A juzgar por sus acciones, a Trump no parece importarle el resultado electoral. A principios de este verano, reiteró acusaciones nunca fundamentadas sobre elecciones anteriores, incluidas imputaciones de que China ha creado una “pesadilla de seguridad electoral sin precedentes” al piratear millones de registros de votantes y manipular las redes sociales.
Trump insiste en presionar al Congreso, controlado por los republicanos, para que apruebe leyes que exijan a todos los votantes presentar una identificación en el centro de votación, medida a la que se oponen muchos de sus colegas republicanos. La mayoría de los republicanos que enfrentan desafíos en las elecciones de medio mandato han hecho poco por impulsar las teorías de la conspiración electoral de Trump.
También parece empeñado en sabotear a los mejores candidatos a la reelección de su propio partido. Ha empujado al retiro a legisladores republicanos experimentados, de criterio independiente, y ha favorecido a candidatos que le juran lealtad por encima de los titulares con mejores probabilidades de frenar a los aspirantes demócratas.
Ha infligido daño a los líderes republicanos de la Cámara y del Senado al intentar obligarlos a adoptar posturas impopulares o a aprobar leyes sin posibilidad de prosperar. También ha presionado a los legisladores republicanos para que cancelen su receso de agosto, tiempo crucial para hacer campaña.
Trump sabe que tiene pocas probabilidades de éxito. Una vez escrutados los votos de noviembre, se negará a aceptar el resultado. Enviará a la policía migratoria a vigilar los centros de votación. Impugnará las contiendas ajustadas, cuestionará la integridad de las máquinas de votación y de los funcionarios electorales —especialmente en los estados de mayoría demócrata— y afirmará que oscuros agentes extranjeros ayudaron a la oposición.
Todo esto dañará la fe del público estadounidense en las instituciones democráticas; sin embargo, nada de ello afectará el resultado final. Como en todas las elecciones de Trump, los votos se contarán y los ganadores legítimos asumirán sus escaños. Trump no puede cambiar eso, porque el gobierno federal de EE. UU. no tiene ningún papel constitucional en la administración de las elecciones.
Los resultados se decidirán en los estados. Los cortafuegos institucionales de la nación resistirán. Los tribunales estadounidenses rechazarán sus impugnaciones. Sus compañeros republicanos seguirán adelante para prepararse para las batallas políticas que vendrán en la era pos-Trump.
Comenzaremos a pasar la página de los capítulos de Trump en la historia presidencial de Estados Unidos. El vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y otros iniciarán sus intentos de liberarse de la órbita decadente de Trump. Sin este presidente para unirlos, los demócratas pronto entablarán sus propias batallas fratricidas.
Para la geopolítica, dos años es mucho tiempo. Todavía quedan nuevas historias de Trump por escribir. Sin embargo, las elecciones de medio mandato de noviembre marcarán un punto de inflexión en la historia reciente de Estados Unidos. La capacidad de Donald Trump para redefinir lo que es posible dentro del país y en sus relaciones con amigos y enemigos ha alcanzado su punto máximo.










