Despreciables

“Ya viene siendo hora de que dejemos en paz a los electores y empecemos a pedirles explicaciones a los líderes políticos”.

Patricia del Río
Por

Periodista

Ilustración: Víctor Aguilar
Ilustración: Víctor Aguilar

Tenemos un régimen presidencialista. La Constitución establece que al presidente se le elige por voto directo del pueblo, él es el jefe del Gobierno; por su parte, el Legislativo y el Poder Judicial hacen contrapeso a su figura. Por eso, en cada proceso electoral nos obsesionamos con los candidatos presidenciales. Vamos a elegir al hombre o mujer más poderoso del país y nos ocupamos de desentrañar su pasado, diseccionamos sus finanzas, hasta averiguamos con quién estudió en el kínder. Y eso está bien, sobre todo, si tenemos en cuenta la calaña de gobernantes que han pasado por Palacio. El problema es que en la misma cédula en la que aparece la foto del candidato presidencial, está la lista parlamentaria y de esa no nos ocupamos mucho. O marcamos por inercia tres veces el mismo símbolo o averiguamos a la pasada un par de números para hacer uso del voto preferencial. Por eso, cuando aparece un congresista impresentable, que últimamente es siempre, se le echa la culpa al elector de haberlo puesto ahí.

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