El día de mañana el presidente José María Balcazar celebrará tres meses en el cargo. Para la mayoría del país no hay mucho que festejar. Menos de uno de cada siete peruanos aprueba su gestión. En general, el mandatario ha guardado un perfil más bajo que el de sus predecesores, pero eso no ha impedido a su administración cometer errores en 90 días como la novela alrededor de la compra de aviones de guerra a EEUU, el nuevo salvataje a Petroperú por US$2,000 millones, o el desorden en los programas de becas para estudiantes en el exterior. El propio presidente ha tenido expresiones poco felices, como cuando responsabilizó al pueblo judío por las atrocidades de la Alemania nazi o sus amistosas referencias al prófugo Vladimir Cerrón con quien ha confesado tener comunicación constante.
El día de mañana el presidente José María Balcazar celebrará tres meses en el cargo. Para la mayoría del país no hay mucho que festejar. Menos de uno de cada siete peruanos aprueba su gestión. En general, el mandatario ha guardado un perfil más bajo que el de sus predecesores, pero eso no ha impedido a su administración cometer errores en 90 días como la novela alrededor de la compra de aviones de guerra a EEUU, el nuevo salvataje a Petroperú por US$2,000 millones, o el desorden en los programas de becas para estudiantes en el exterior. El propio presidente ha tenido expresiones poco felices, como cuando responsabilizó al pueblo judío por las atrocidades de la Alemania nazi o sus amistosas referencias al prófugo Vladimir Cerrón con quien ha confesado tener comunicación constante.
A pesar de la alta volatilidad en la presidencia de la República del quinquenio político que está por concluir, hay algunas cosas que no han cambiado. El periodo comienza y acaba con un mandatario de las filas de Perú Libre, con ideología personal nebulosa, y de limitadísimas condiciones para el puesto.
Los vasos comunicantes entre Pedro Castillo y Balcázar son aún más estrechos. Esta semana, el actual inquilino de Palacio de Gobierno volvió a dejar la puerta abierta para un eventual indulto de Castillo. Si bien la Comisión de Gracias Presidenciales, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (Minjus), había declarado inadmisible un pedido de indulto para el expresidente golpista a finales de abril, y el titular del Minjus, Luis Jiménez, había dado por concluido el asunto, Balcázar insistió en que dependía de que Castillo “presentase su solicitud”.
La eventual excarcelación de Castillo por indulto -una de las ideas más repetidas por el candidato presidencial Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú- sería una burla al sistema legal y la democracia en general. Más allá de la imposibilidad jurídica (como bien aclaró Jiménez, no hay indulto sobre prisión preventiva, sino solo sobre condena), el mensaje que se enviaría al país -y a cualquier futuro presidente con aspiraciones autocráticas- es que se puede intentar subvertir totalmente el orden constitucional a la fuerza, y no pasa nada. Para la izquierda política asociada con Perú Libre y con Juntos por el Perú esto puede no significar mucho, pero para el resto del país debería ser motivo de rechazo y preocupación. A los simpatizantes de Castillo ni siquiera les parece necesario ocultar que apoyan un golpe de Estado transmitido en vivo en señal abierta. Advertidos estamos.