(Foto: GEC)
(Foto: GEC)
Editorial El Comercio

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

Vencido el plazo de inscripción de las planchas presidenciales y listas para el Congreso y el Parlamento Andino de las distintas organizaciones políticas que aspiran a participar en las elecciones del 11 de abril, cualquiera imaginaría que el cuadro de las opciones en liza para esa fecha estaría ya definido y completo. En nuestro país, los partidos prácticamente hibernan entre proceso electoral y proceso electoral, por lo que lo esperable sería que, salvo por aquello que dependa de los resultados de los comicios internos, todo estuviese siempre listo para el momento en que se lo pidan.

Como sabemos, sin embargo, eso está lejos de ser lo que efectivamente ocurre. Elección tras elección, la cantidad de postulantes o listas que se presentan de manera defectuosa, o que simplemente no llegan a culminar los trámites antes de que el tiempo disponible para hacerlo se agote, es impresionante. Y el proceso actual no es una excepción.

En los últimos días, hemos conocido abundantes pronunciamientos de las autoridades electorales comunicándoles a distintas organizaciones que sus planchas presidenciales o sus nóminas de aspirantes al Parlamento tienen problemas para ser aceptadas o sencillamente perdieron el tren de la inscripción.

El caso más llamativo es el del Apra (que, a pesar de ser el conglomerado político con más experiencia en este tipo de lides, solo llegó a registrar listas congresales en tres circunscripciones nacionales), pero ni remotamente el único. Las fórmulas presidenciales de Fuerza Popular, el PPC, Alianza para el Progreso, Perú Patria Segura, Somos Perú, Acción Popular y el Frente Amplio fueron consideradas en principio “inadmisibles”; la de Todos por el Perú, declarada improcedente “por carecer de legitimidad para obrar”; y la del Frente de la Esperanza ni siquiera pudo intentar colocarse en el partidor, porque la inscripción misma del partido quedó suspendida hasta después de las elecciones, nuevamente por un problema de plazos vencidos. Asimismo, las listas parlamentarias de AP, el PPC, Podemos, Juntos por el Perú, Democracia Directa, Somos Perú y Renovación Popular fueron observadas por diversas razones, poniendo en riesgo su participación en los comicios del próximo año.

Cierto es que, en muchos de esos casos, los inconvenientes han sido asuntos menores, subsanados en los días subsiguientes. Pero no por eso dejan de mostrar improvisación y negligencia de parte de las organizaciones que aspiran a convertirse, en unos meses más, en gobierno. Por último, si a eso sumamos la circunstancia de que 173 de los postulantes al Legislativo, distribuidos entre casi todos los partidos presentes en la competencia, fueron candidatos en procesos anteriores y no entregaron en su oportunidad los reportes de ingresos y egresos de campaña que debían, la figura adquiere ribetes realmente desalentadores.

En el fondo, todos estos descuidos nos dicen qué tan en serio se toman esos partidos la tarea para la que se disponen a pedirnos el voto. Se pasan años criticando a las autoridades de turno y atribuyéndoles la misma desidia que ellos ahora revelan al no tener la documentación o no consignar la información requerida para tratar de sucederlas. Y cuando se topan con las consecuencias de su ligereza, las acusaciones de “manifiesta voluntad de fraude”, “sabotaje” o “conspiración” resultan un fácil recurso para no asumir sus responsabilidades.

Sin embargo, no haber podido terminar un trámite que se empezó a última hora y que numerosos otros conglomerados políticos sí consiguieron culminar no parece ser la indicación de fraude alguno o de maquinaciones para dejar fuera de carrera a determinada plancha. Sembrar dudas gratuitas sobre la limpieza con la que proceden las autoridades electorales sin que en realidad haya indicios de ello es, además, frívolo y pernicioso, porque arroja sombras de duda sobre lo que debería permanecer intacto ante los ojos de la ciudadanía, porque de ello depende en buena cuenta la confianza en los resultados electorales de abril y la legitimidad del gobierno que de ellos emane.

Lejos de pedir explicaciones, son los partidos que no están ni en sus marcas ni listos a tan poco de darse la largada los que tendrían que darlas.