Cada vez que veo a mi hermana viendo videos cortos, tengo que decirle que cambie de video porque pierde la concentración. Después de conocer los resultados de PISA 2025, tuve un motivo más para decírselo. Sin embargo, mientras más pensaba en ello, más me preguntaba si realmente estaba siendo justa al culpar a las redes sociales.
Cada vez que veo a mi hermana viendo videos cortos, tengo que decirle que cambie de video porque pierde la concentración. Después de conocer los resultados de PISA 2025, tuve un motivo más para decírselo. Sin embargo, mientras más pensaba en ello, más me preguntaba si realmente estaba siendo justa al culpar a las redes sociales.
El 8 de setiembre se publicaron los resultados de PISA 2025. Las cifras preocuparon: 7 de cada 10 estudiantes peruanos no alcanzaron el nivel básico en matemática, mientras que, en lectura, casi 6 de cada 10 tampoco alcanzaron ese nivel. Además, en ambas áreas, los resultados fueron similares a los de hace una década (OECD, 2026). Ante estos resultados, es fácil buscar un culpable. Las redes sociales suelen aparecer entre los primeros señalados por su capacidad para mantener nuestra atención durante horas.
¿Pero realmente son las redes sociales las responsables? Al cuestionarme esto, entendí que el problema no podía reducirse simplemente a cuánto tiempo pasan los escolares frente a una pantalla. El problema aparece cuando no sabemos utilizarlas adecuadamente. ¿Quién les está enseñando a regular su uso?
La escuela también tiene un papel. No basta con enseñar contenidos y pedir a los estudiantes que se concentren: también debemos prepararlos para desenvolverse en un mundo donde la tecnología ya forma parte de su vida. Si las redes pueden distraer, también pueden convertirse en una herramienta para aprender. Enseñar a evaluar la información, regular el tiempo de uso y aprovechar el contenido educativo podría ser más útil que simplemente prohibirlas.
Quizá el problema no sea la tecnología en sí, sino nuestra preparación para convivir con ella.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.