Local US¡Habla, Vizcarra!, por Mario Ghibellini
El elocuente silencio administrativo del primer vicepresidente.
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El martes pasado, el presidente Kuczynski se trasladó junto a sus dos vicepresidentes hasta Ancón para ‘inaugurar’ alguna pista recién asfaltada. Y mientras la señora Aráoz intentaba dispensar sonrisas despreocupadas entre el público asistente, el mandatario cogió el micro y recitó solemne: “Aquí está nuestro equipo […]. Estamos todos trabajando, trabajando y trabajando”. Pero cortar listones o reventar botellas de champán barato contra alguna superficie dura, ya se sabe, no constituyen tareas precisamente laboriosas, por lo que el esfuerzo extenuante debía estar oculto en algún ángulo secreto de la escena. Y cualquier observación atenta habría terminado detectándolo en Martín Vizcarra.
Chalecos reversibles
El primer vicepresidente, en efecto, parecía ser el único que estaba cumpliendo allí una obligación gravosa. En concreto, la de ‘chaleco’ del jefe de estado, pues sus lentes oscuros, su gesto adusto y su mutismo infranqueable difícilmente admitían otra interpretación. Sin embargo, tenía que haberla: traído expresamente de su retiro canadiense con el pretexto de “ultimar detalles” sobre la participación de nuestro país en un evento minero en Toronto (como si en estos días no existieran alternativas a las señales de humo en la comunicación a distancia), Vizcarra no estaba en ese lugar para evitar que los extraños se aproximasen demasiado a PPK… En realidad, se diría que la cosa era más bien a la inversa, porque ningún reportero consiguió acercarse lo suficiente al vicepresidente como para arrancarle una declaración sobre lo que todos queremos saber: qué haría en el caso de que el dueño de Westfield fuese vacado.
En diciembre pasado, un día antes de que Fuerza Popular y sus aliados en el Congreso hicieran su primer intento de lograrlo, en un mensaje a la nación, Kuczynski sugirió que, de ser removido, sus vicepresidentes se irían con él. “Ninguno de los dos quiere ser parte de un gobierno que nazca de una maniobra injusta y antidemocrática”, dijo. Pero esa forma críptica de anunciar algo tan importante hizo dudar de la firmeza del compromiso de sus eventuales sucesores con la renuncia unánime. Y ahora, en medio de rumores sobre emisarios fujimoristas ofreciéndole respaldo por los tres años y medio de gobierno que le quedarían si asumiese la presidencia, la idea de un ‘Martincito’ cobrando el seguro que el actual mandatario mencionó durante la campaña adquiere una verosimilitud pasmosa.
De ahí, probablemente, la necesidad de mostrarlo en público junto al ‘equipo’ y mientras Mercedes Aráoz habla hasta por los codos de ‘lealtad’. Pero al mismo tiempo, de asegurarse de que no vaya a comentar como por descuido lo que realmente piensa al respecto. Porque, a decir verdad, parecería que alguien en el Ejecutivo hubiese tomado prestada la famosa gutapercha de Kenji para ponérsela al primer vicepresidente sobre los labios.
El esfuerzo, no obstante, es inútil. El silencio administrativo de un funcionario tan visible es siempre elocuente y, por lo tanto, las versiones sobre la formación del colectivo ciudadano ‘¡Habla, Vizcarra!’ que hoy circulan por la capital tienen que ser falsas.
Si la nueva moción de vacancia llega a ventilarse en el pleno, todo parece indicar, pues, que Kuczynski enfrentará su destino solo. Una consecuencia inevitable de haberse rodeado de tantas ‘murallas chinas’.
Esta columna fue publicada el 17 de febrero del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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