Cuando Alejandro Toledo, ¿quién sabe?, decía la verdad [PERFIL]
Cuando Alejandro Toledo, ¿quién sabe?, decía la verdad [PERFIL]

Si pensamos que la primera versión que das sobre ti mismo es la verdadera, que cualquier testimonio posterior que difiera del primero es porque quieres acomodar y enmascarar tu vida, entonces “Las cartas sobre la mesa” es lo más próximo a la verdad que haya escrito .

Por eso, el libro fue desaparecido y ocultado para la posteridad. Pero sobrevivió al menos un ejemplar, y aquí tienen algunos pasajes que corrigen, o ponen en duda, el cuento que, aliado con Eliane Karp, nos contó sobre sí mismo.

—Mito por mito—
En primer lugar, que quede clarísimo que Karp, si bien podría reclamar el título hoy no muy envidiable de “mujer de su vida”, no fue un amor constante. En el libro no figura ni su nombre. Su violenta ruptura a fines de los 80, y su viaje a Israel, dejando a Alejandro con su hija Chantal, provocó que el candidato de 1995 la extirpara de sus memorias. Ni siquiera relata su matrimonio. Eliane no existe ni en las memorias ni en los planes del candidato del entonces llamado País Posible. Volvió a su vida, unas temporadas más tarde, como socia de su aventura definitiva en el poder.  Hasta se volvieron a casar.

Cuestionemos primero el mito del Toledo andino. “Mis padres se casaron el año 1936. La pareja vivía en una casita en Lince. [...] En una de sus tantas visitas, en 1942, el abuelo vino decidido a llevarse a la familia” (pág. 14). O sea, la ancashina  Margarita Manrique y Anatolio Toledo, albañil afincado en Lima, vivieron unos años  en la capital, antes de viajar a la tierra de los Manrique, donde no se habla quechua, así que queda descartado ese lazo con el Perú prehispánico en que algunos insisten. Allí, Alejandro nació el 28 de marzo de 1946. En 1950, la familia partió a Chimbote. El mundo andino no lo marcó como juró en campaña.

La pobreza fue real y a la vez mitificada. De hecho, para una familia migrante con 11 hijos, lo era. Pero el ‘boom’ de la harina de pescado hizo lo suyo. Alejandro Toledo dice: “tenía 6 o 7 años, salí por primera vez a lustrar zapatos en las calles” (pág. 35). Unos párrafos después dice: “El auge de la pesca de la anchoveta llegó también a nuestra casa” (pág. 38). El joven Alejandro pudo concluir su secundaria con las mejores notas y calificar a una beca.

El pasaporte de Alejandro Toledo a su sueño americano fueron dos voluntarios del Peace Corps, Nancy Deeds y Joel Meister (eran novios, luego se casaron), que se encariñaron con él y lo ayudaron a viajar. Nancy alquilaba un cuarto en la casa de los Toledo. “Sin la ayuda de Nancy y Joel probablemente no hubiera llegado muy lejos” (pág. 75). El 26 de diciembre de 1965, Toledo partió de Chimbote a San Francisco.

—De ida y vuelta—
Para mantenerse con media beca en la Universidad de San Francisco, el joven migrante tuvo que trabajar y jugar al fútbol. “Yo no era ningún gran jugador; sin embargo, no desentonaba en el equipo de la universidad. El entrenador Steve Negoesco se interesó en mi caso y gracias a él pude obtener la extensión de mi beca” (pág. 91). Conocí a Negoesco en San Francisco en el 2001 y recordaba al pequeño Alejandro –lo era entre el resto del equipo– urgido de beca. Los esposos Meister, a quienes entrevisté cuando fueron invitados a la asunción de mando de su viejo amigo, también corroboraron lo esencial del primer ‘crossover’ de Alejandro, el de ida.

La vuelta tuvo un dramático anticipo. El 31 de mayo de 1970, un terremoto devastó Áncash. “Al quinto día me avisaron de Washington que mi familia estaba bien, que mi madre, mi padre y mis hermanos estaban vivos” (pág. 100). Más adelante, cuenta la muerte de su madre. “Llegué a Lima al atardecer de un día de octubre [...]. Llegué a Chimbote a las cinco de la mañana,a las once enterramos a mi madre” (pág. 104). Que dijera en una entrevista televisiva, durante la segunda vuelta del 2001, que su madre falleció en el terremoto de mayo es una de las mentiras que marcan las sospechas con las que sobrevivimos su único mandato y sus dos candidaturas en el 2011 y el 2016 . En el prólogo de “Las cartas” dice algo que ustedes juzgarán si es una verdad que merecemos u otra de sus mentiras manifiestas: “Como tantos peruanos, soy el resultado de nuestro tiempo”.

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