

Lo que durante décadas parecía ser únicamente un pequeño fósil de pez terminó convirtiéndose en una pieza extraordinaria para la ciencia. Investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Kansas estudiaron mediante tomografías computarizadas un ejemplar de Trawdenia planti, un pez del Carbonífero encontrado en Lancashire, Reino Unido. El análisis permitió identificar tejidos neurales preservados dentro del cráneo, una característica extremadamente rara en el registro fósil porque los tejidos blandos suelen descomponerse poco después de la muerte.
Lo que durante décadas parecía ser únicamente un pequeño fósil de pez terminó convirtiéndose en una pieza extraordinaria para la ciencia. Investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Kansas estudiaron mediante tomografías computarizadas un ejemplar de Trawdenia planti, un pez del Carbonífero encontrado en Lancashire, Reino Unido. El análisis permitió identificar tejidos neurales preservados dentro del cráneo, una característica extremadamente rara en el registro fósil porque los tejidos blandos suelen descomponerse poco después de la muerte.
¿Cómo era el pez que conservó su cerebro?
- Trawdenia planti era un pez pequeño, aproximadamente del tamaño de un pez de tipo minnow, que habitó hace más de 300 millones de años en un antiguo ambiente pantanoso de lo que hoy es el noroeste de Inglaterra. Sus restos quedaron atrapados en depósitos asociados a antiguos yacimientos de carbón de la región de Burnley.
El fósil tiene además una historia particular: fue descubierto en 1888, cuando los trabajadores de las minas de carbón de Lancashire acostumbraban recoger restos fósiles encontrados durante sus labores. El ejemplar terminó dividido en dos partes y permaneció en colecciones de un museo de historia natural durante décadas, hasta que los investigadores lograron reconocer que ambas piezas pertenecían al mismo fósil.
Así luce el cerebro de más de 300 millones de años
La gran sorpresa apareció cuando los científicos utilizaron técnicas modernas de tomografía para observar el interior del cráneo. Las imágenes revelaron estructuras compatibles con tejidos neurales, incluidas señales de membranas internas y cavidades relacionadas con el sistema ventricular, lo que permitió reconstruir en tres dimensiones la disposición del cerebro.
A diferencia de otros fósiles de cerebros antiguos, en los que el tejido conservado puede parecer pequeño en relación con el espacio disponible dentro del cráneo, el cerebro de Trawdenia ocupaba prácticamente toda la cavidad cerebral. Los investigadores también identificaron una característica llamativa: una parte del cerebelo rodeaba la zona central del cerebro, un rasgo que podría aportar pistas sobre las relaciones evolutivas de estos peces con grupos que todavía existen.

El hallazgo puede cambiar cómo se estudian los cerebros fósiles
La importancia del descubrimiento va mucho más allá de conocer el aspecto de un cerebro prehistórico. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), indica que la estrecha correspondencia entre el cerebro preservado y la cavidad del cráneo permite utilizar la forma interna de otros cráneos fósiles como una referencia más confiable para reconstruir el tamaño y la anatomía cerebral, incluso cuando el tejido nervioso ya desapareció.
Los peces con aletas radiadas representan cerca del 99 % de las más de 30.000 especies de peces actuales, por lo que comprender sus primeros pasos evolutivos resulta fundamental para reconstruir la historia de una enorme parte de los vertebrados. Los investigadores consideran que Trawdenia planti podría estar relacionado con una antigua línea evolutiva vinculada a los actuales esturiones y peces espátula.
El descubrimiento también demuestra que los museos pueden esconder información científica que durante generaciones permaneció invisible. En este caso, un fósil hallado en una mina en el siglo XIX necesitó tecnología de imagen moderna para revelar su contenido. Más de trescientos millones de años después de que aquel pequeño pez muriera, su cerebro ofrece ahora una oportunidad excepcional para comprender cómo evolucionó el sistema nervioso de los peces y cómo surgieron algunas de las características presentes en las especies que todavía habitan los océanos y ríos del planeta.
¿Por qué casi nunca vemos cerebros fosilizados?
Que existen tan pocos cerebros fósiles tiene una explicación sencilla: el tejido blando es el gran ausente del registro fósil. En condiciones normales, cuando un animal muere, sus órganos internos se descomponen rápidamente por acción de bacterias, oxígeno y otros factores ambientales. Para que un cerebro se conserve, necesita enterrarse con una rapidez inusual, en un entorno pobre en oxígeno y con minerales disponibles que sustituyen al tejido orgánico antes de que desaparezca por completo. Es un equilibrio tan delicado que solo se cumple en contadísimas ocasiones.español.
En los últimos años, la paleontología ha comenzado a revelar más ejemplos de órganos fosilizados en peces antiguos, incluidos fragmentos de corazón, ojos y meninges, gracias a yacimientos excepcionales en lugares como Brasil e Inglaterra. Cada nuevo ejemplar no solo amplía la lista de especies conocidas, sino que abre una ventana microscópica a la biología de animales que vivieron cientos de millones de años atrás. Y, como en el caso de este pez prehistórico, permite conectar esos detalles íntimos un cerebro, un nervio, una cavidad con la gran narrativa de la evolución de los vertebrados.







