Dale fibra a tus días. No, no necesitas un suplemento caro, solo necesitas más frutas con cáscara, verduras, legumbres, semillas y granos integrales. Imagínate que la fibra insoluble (como la del salvado de trigo) actúa como una escoba para tu intestino, mientras que la fibra soluble (como la de la avena o plátano) ayuda a que todo fluya suavecito. Aquí la variedad es importante.
No te olvides del agua. De nada sirve tanta fibra si no la hidratas. Acuérdate de que son ‘besties’, y si no hay agua, la fibra no cumplirá su cometido, sino que se quedará “atorándote” aún más.
Muévete. Basta con una caminata diaria de 20 minutos para que empieces a sentir los beneficios del movimiento.
Respeta tus ganas. Cuando tu colon te dé la señal, ¡no la ignores!
Cuida tu microbiota. El ejército de bacterias en tu intestino grueso juega un papel clave. Alimentos fermentados como el yogur natural, el chucrut, la kombucha y el kéfir pueden ayudar a mantenerla feliz.