Médicos atienden a un paciente con COVID-19 en Boloña. (Foto: ALAIN JOCARD / AFP)
Médicos atienden a un paciente con COVID-19 en Boloña. (Foto: ALAIN JOCARD / AFP)
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En los últimos días se han multiplicado las señales alentadoras en torno a tratamientos a partir de anticuerpos sintéticos contra el , lo que puede convertirse en una de las principales armas para combatir la pandemia junto a las vacunas.

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¿De qué se trata?

Los anticuerpos constituyen un componente básico de nuestro sistema inmunológico. Ante la presencia de un peligro, como un virus, nuestro organismo los produce naturalmente para identificar al invasor.

La idea de los anticuerpos de síntesis consiste en seleccionar anticuerpos naturales y reproducirlos de manera artificial para luego utilizarlos en tratamientos, por lo general por perfusión.

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Es diferente a una vacuna. Su objetivo es que el organismo produzca los anticuerpos adecuados por sí mismo. Los anticuerpos sintéticos son inyectados una vez que la enfermedad se ha desencadenado para compensar deficiencias del sistema inmunológico.

Estos tratamientos utilizan anticuerpos “monoclonales”, o sea aquellos que reconocen una molécula en particular del virus o bacteria que tienen por objetivo.

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¿Es algo nuevo?

No. “Los anticuerpos monoclonales son una de las herramientas más poderosas de la medicina moderna”, subraya la fundación británica Wellcome.

Este tipo de tratamientos existe desde hace una treintena de años y actualmente hay patentados alrededor de un centenar. No obstante, hasta ahora, se han centrado sobre todo en cánceres o enfermedades resultantes del disfuncionamiento del sistema inmunológico, como la de Crohn (inflamación del sistema intestinal), y no para infecciones como el COVID-19.

Pero los anticuerpos de síntesis “siempre han contado con un enorme potencial para combatir las infecciones directamente”, indica el inmunólogo británico Alexander Edwards, de la Universidad de Reading.

Así, la pandemia ha estimulado este sector de la investigación sobre anticuerpos sintéticos, que podría brindar un “gran avance” en su utilización contra infecciones, de acuerdo a Edwards.

¿Qué nivel de eficacia frente al virus?

Actualmente, los proyectos más adelantados son cuatro: el del gigante británico GSK asociado con el laboratorio californiano Vir, el estadounidense Regeneron, su compatriota Eli Lilly y el surcoreano Celltrion.

Esta semana, dos de los cuatro lanzaron avisos alentadores tras las pruebas de fase 3, o sea, sobre centenares de personas y con el objetivo de llegar al mercado próximamente.

Primero, Eli Lilly anunció el miércoles una muy fuerte reducción (-87%) de las hospitalizaciones y muertes de pacientes que recibieron un “cóctel” de dos anticuerpos, bamlanivimab y etesevimab. El jueves, GSK y Vir brindaron datos parecidos (-85%) sobre su anticuerpo VIR-7831.

Celltrion ya había informado en enero sobre resultados favorables respecto al anticuerpo regdanvimab. Semanas más tarde hizo lo mismo Regeneron para su REGN-COV2, cóctel de casirivimab e imdevimab.

¿Dónde están autorizados?

Hasta ahora, solamente los de Regeneron, Eli Lilly y Celltrion (únicamente en Corea del Sur) han recibido autorizaciones. En algunos países, han sido homologados en casos de urgencia, inclusive previos a que los resultados permitan concluir sobre su eficacia con el mayor rigor.

Para Regeneron, Estados Unidos dio autorización de urgencia en noviembre de 2020 para REGN-COV2; el expresidente Donald Trump se benefició de este poco antes, a comienzos de octubre.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) brindó a fines de febrero una opinión favorable para utilizarlos en pacientes que muestran alto riesgo de progresar hacia una forma grave del COVID-19.

El bamlanivimab de Eli Lilly está autorizado en Estados Unidos y Francia para mayores de 80 años. Pero esta elección no cuenta con la unanimidad del cuerpo médico francés, puesto que la autorización es solamente para este anticuerpo (y no combinado con el etesemivab), por lo que su eficacia en este caso es bastante menos clara. Las autoridades europeas comenzaron recientemente con la evaluación del cóctel de Eli Lilly.

La UE también evalúa actualmente la droga Celltrion. Finalmente, GSK y Vir planean solicitar autorización para su utilización de urgencia en Estados Unidos y otros países.

¿Cuáles son los límites?

Son de dos tipos.

En primer lugar, existen dudas sobre la eficacia de estos tratamientos tras la aparición de variantes del coronavirus, cepas nuevas que podrían volver obsoletos los anticuerpos.

De acuerdo a Sophie Muller, directora médica de GSK France, quien conversó con la AFP, “el anticuerpo desarrollado por el grupo tiene por objetivo una zona de la proteína S (spike) que no es afectada por las actuales variantes del coronavirus, por lo cual es de interés”.

Sin embargo, esto no responde a la eventual aparición de futuras variantes que quizás sean resistentes.

Con esta idea, en cambio, varias investigaciones se centran en el desarrollo de anticuerpos “policlonales”, en condiciones de identificar de inmediato muchas más moléculas del virus.

El otro límite es el precio y la disponibilidad. La inoculación de anticuerpos de Eli Lilly cuesta unos 1.000 euros (unos 1.200 dólares). Aunque los médicos afirman que sigue siendo más barato que la internación hospitalaria. En cuanto a la disponibilidad, las capacidades de producción son todavía insuficientes, por lo que deberían aumentar para asegurar su uso a gran escala.

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