Kyle McLachlan y Shery Lee vuelven a sus roles en "Twin Peaks" 25 años después. (Showtime)
Kyle McLachlan y Shery Lee vuelven a sus roles en "Twin Peaks" 25 años después. (Showtime)

La expectativa terminó. Luego de 25 años, la tan esperada continuación de “Twin Peaks”, la inigualable serie televisiva creada por David Lynch y Mark Frost, se estrenó. Aunque será emitida una vez por semana, sus primeros cuatro capítulos ya están disponibles mediante pago (y los dos primeros en Netflix). Aquí analizamos, sin spoilers, cuatro puntos que la hacen sumamente recomendable.

1. LA NARRATIVA LYNCHEANA
Quienes conozcan la obra de Lynch, entenderán cuan compleja y cautivante es. Aquí hay saltos temporales, espacios y realidades paralelas, personalidades dobles. Todo ello responde a una fórmula tan simple como la de recurrir al mundo de los sueños (o de las pesadillas). Pero aunque lo onírico es un recurso manido, Lynch lo utiliza con una personalidad propia. Su forma de fracturar la narración a través del montaje, a través de quiebres en la sincronización del sonido y la imagen, se ha convertido en una de las más originales y atrevidas de la cinematografía contemporánea. Aquí no hay caprichos: es la firma de un autor.

2. EL FORMATO LARGO
La última película de Lynch, “Inland Empire” (2006), fue la más larga de una carrera que con los años ha ido tendiendo al gigantismo. Por eso le queda bien el formato extendido que le confiere esta serie. Así, estirado, el director se toma toda la libertad para contar una historia densa, de tramos largos y lentos que, sin embargo, no es cansina. Por el contrario, su efecto es hipnótico y misterioso, maneja eficazmente la continuidad en suspenso de las series televisivas, y sabe cuándo dejar puertas abiertas (aunque en Lynch casi todas sean puertas abiertas).

3. LO SINIESTRO
Sin haber perdido su toque humorístico e irreverente, esta tercera temporada de “Twin Peaks” es muchísimo más oscuras que las anteriores entregas. Al absurdo acostumbrado, Lynch le ha sumado dosis altísimas de terror y desgracia. Solo en los dos primeros capítulos ya hay un buen saco de muertes que impactan. Y a eso lo acompañan otros elementos horríficos: cuerpos mutilados, deformidades, atmósferas inexplicables. El visionado de los capítulos se torna incómodo, pero eso también es parte de su atractivo. Lynch entiende a la perfección el morbo humano y lo explota como pocos.

4. AVANCES DE LA TECNOLOGÍA
Con la ya mencionada “Inland Empire”, Lynch también incursionó en el cine digital. El formato podrá perder romanticismo, pero gana en flexibilidad. Y en esta serie, el cineasta le saca el jugo a esas ventajas de la modernidad. Por ejemplo, para salir del pequeño pueblo infernal donde se desarrolla la serie, con tomas panorámicas de Nueva York e incluso rarísimos viajes por el espacio exterior. O para darle movimiento al famoso piso zigzagueante donde suelen ocurrir las peores pesadillas. Tampoco hay que confundirse: no se trata de que Lynch se haya convertido en amo y señor de los efectos visuales. De hecho, sus recursos son precarios y hasta rozan lo kitsch, pero siempre aportan al enrarecimiento de su universo. Lo que vendrá en los próximos 12 capítulos es una incógnita, como siempre. Pero promete mucho.

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