Si uno observa las fotografías de la fiebre del oro del Yukón, a fines del siglo XIX, resulta difícil encontrarles algún rasgo cómico. Paisajes gélidos e inhóspitos, improvisados campamentos mineros en condiciones infrahumanas, avalanchas y tormentas que mataron a una parte importante de esas estampidas de mineros en busca de milagrosas reservas auríferas entre toneladas de nieve. Y, sin embargo, esas imágenes fueron la inspiración para que Charles Chaplin ideara hace 100 años una de sus mejores y más divertidas películas, “La quimera del oro”.
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Con el inconfundible Charlot como protagonista, la trama nos presenta a este vagabundo silencioso en plena excursión al noroeste de Canadá, enfrentando el frío, el hambre y la violenta avaricia de otros desdichados como él. Pero aquí la gracia se impone a la miseria, los gags encubren el derrotero trágico de los personajes. “La quimera del oro” podría ser una épica cargada de dramatismo y fatalidad, pero todos la recordamos con una sonrisa en el rostro.
No por nada tiene algunas de las escenas más memorables de la filmografía de Chaplin: la cabaña tambaleándose al borde de un precipicio, por ejemplo; la bellísima simpleza del vagabundo maniobrando dos tenedores y dos panecillos para simular un baile; o el gesto desesperado de cocinar un zapato y devorarlo como una forma de resistir la inanición. Bien vista, la deglución de esa suela y esos pasadores funciona como el epítome de la carencia, la supervivencia y la locura.
EN BUSCA DE LA PERFECCIÓN
En el momento de su estreno, “La quimera del oro” fue la comedia más costosa hecha jamás. También fue salto de envergadura en la carrera de Chaplin, pues llegó después de una cinta igual de notable pero más modesta como “El chico” (1921), y fue el preámbulo para una seguidilla de impecables producciones como “El circo” (1928), “Luces de la ciudad” (1931), “Tiempos modernos” (1936) y “El gran dictador” (1940). Algo tuvo de punto de inflexión, ciertamente.
“Para Chaplin fue un trabajo laborioso, y todas sus películas lo fueron porque era un perfeccionista –afirma el crítico Isaac León Frías–. Creo que percibió en ella casi una metáfora de su propia carrera: el buscador de oro es un poco el inmigrante como él que llegó a hacer ‘oro’ en sus películas. Solo que en su caso fue oro cubierto por su vocación social y su compromiso con los más necesitados”.
Fue para Chaplin también –lo dijo más de una vez– la favorita de sus propias películas, la que más satisfacción le generaba. Y estuvo entre las predilectas de cineastas tan disímiles como el maestro japonés Akira Kurosawa (fascinado seguro por su odisea y sus movimientos), el griego Theo Angelopoulos (gran paisajista de la nieve y el frío) y hasta el austríaco Michael Haneke, que intuimos especialmente cautivado por el lado más sombrío y desesperanzado de la historia. Sean cuales sean los motivos, su esplendor es incontestable.
A SABER
La distribuidora Cinetopia Perú ha anunciado el reestreno de la versión remasterizada en 4K de "La quimera del oro" en salas de cine locales. La fecha se anunciará próximamente en sus redes sociales.