Por Jorge Paredes Laos

Hace 500 millones de años, el planeta estaba dividido en dos inmensos continentes llamados Laurentia y Gondwana. Y todo el territorio peruano, como gran parte de Sudamérica, yacía sumergido en el fondo del océano. En ese suelo marino habitaban extraños seres capaces de absorber la materia orgánica que caía hasta este ecosistema rudimentario, dominado por altas temperaturas y bajos niveles de oxígeno. Uno de estos ejemplares, alargados y cilíndricos, debió haber quedado atrapado entre estos sedimentos en un estado de preservación tan excepcional que 460 millones de años después, sus enroscados restos fósiles han sido descubiertos por un equipo de paleontólogos peruanos del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (Ingemmet), claro que su hábitat había cambiado muchísimo: ya no era un fondo marino, sino una empinada ladera ubicada a 12 kilómetros de Carhuamayo, en Junín. Bautizado como Juninscolex Ingemmetianum este gusano tiene ahora el honor de ser el fósil de cuerpo blando más antiguo del Perú. Son tan raros estos fósiles que existen pocos registros en Sudamérica.