De marzo a setiembre, el hospital Hermilio Valdizán, ubicado en el distrito de Santa Anita, ha atendido a 47673 pacientes, de los cuales 31 mil optaron por una atención virtual. (Foto: Anthony Niño / GEC)
De marzo a setiembre, el hospital Hermilio Valdizán, ubicado en el distrito de Santa Anita, ha atendido a 47673 pacientes, de los cuales 31 mil optaron por una atención virtual. (Foto: Anthony Niño / GEC)
Thalía Cadenas

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Hasta hace un tiempo, a Milton le decían “profe”. Él amaba dictar clases de ciencias naturales, pero desde hace dos años no consigue trabajo, debido a su diagnóstico de esquizofrenia.

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Si padecer trastornos mentales ya es difícil para cualquier ciudadano del mundo, en el Perú, un país que - - destina menos del 1% del presupuesto nacional en salud mental, es aún más complicado.

Sin embargo, los pacientes siguen dando la lucha; una lucha que, en el Día Mundial de la Salud Mental, quieren hacer visible.

Pese a la pandemia,  el hospital Hermilio Valdizán, ubicado en el distrito de Santa Anita, ha atendido a 47673 pacientes. (Foto: Anthony Niño / GEC)
Pese a la pandemia, el hospital Hermilio Valdizán, ubicado en el distrito de Santa Anita, ha atendido a 47673 pacientes. (Foto: Anthony Niño / GEC)

Cada vez que Milton postula a un puesto, la respuesta es la misma: “La plaza ya está ocupada, no tenemos espacio para ti”.

Respuestas duras - que a cualquiera frustrarían y entristecerían- pero a las que Milton les saca la vuelta. Luego de dos años de lucha contra el sistema, aún mantiene la esperanza de encontrar empleo.

Le diagnosticaron esquizofrenia cuando recién había cumplido la mayoría de edad. “En esos momentos sentía temor, estaba irritable y escuchaba voces”.

El diagnóstico lo tomó por sorpresa, pero en el hospital le explicaron de qué se trataba. Hasta ese momento, Milton pensaba que la esquizofrenia no tenía tratamiento.

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Milton cuenta a El Comercio que en aquella época siguió las indicaciones de sus médicos, pero dejó el tratamiento cuando tenía 25 años, debido a las largas distancias que tenía que recorrer para llegar a un hospital en Ayacucho.

Hace algunos meses, Milton, que ahora tiene 43 años, volvió a presentar una crisis, y decidió retomar el tratamiento.

Han pasado más de dos décadas del diagnóstico de Milton y la sociedad continúa sin estar preparada para integrar a las personas con esta condición. “[La esquizofrenia] es una enfermedad como cualquier otra. La sociedad nos debe dar un lugar. Se necesita mucho apoyo”, dice.

Milton siente que quizás una mujer nunca pueda comprender su condición, por eso prefiere estar soltero, pero de lo que nunca podrá dudar es del amor de su familia. “Ellos son mi principal soporte. Siempre están pendientes”.

Lizby señala que la sociedad piensa que las personas con bipolaridad son disfuncionales, que no encajan bien, que no son confiables, que se victimizan. Y reconoce que antes de su diagnóstico compartía estas ideas.  (Foto: Anthony Niño / GEC)
Lizby señala que la sociedad piensa que las personas con bipolaridad son disfuncionales, que no encajan bien, que no son confiables, que se victimizan. Y reconoce que antes de su diagnóstico compartía estas ideas. (Foto: Anthony Niño / GEC)

En el caso de Lizby, las cosas se dieron de manera diferente. Ella fue diagnosticada con trastorno bipolar hace cuatro años, aparentemente todo estaba bien, siempre estaba pensando en nuevos emprendimientos, era una máquina, nada la detenía.

“Incluso no dormía, llegué a pasar tres noches en vela. Sentí que algo estaba mal. Sentí que necesitaba descansar, pero nunca pensé que necesitaba un psiquiatra”, narra Lizby a El Comercio.

Primero la llevaron a un centro particular religioso en el que, según cuenta, pasó malos momentos, sentía que todos estaban en su contra y querían hacerle daño, a excepción de su familia.

Sin embargo, luego pudo acceder a un psiquiatra particular, y empezó a notar mejorías. “Mis visitas al médico ya eran de control y para los medicamentos, por lo que me animé a acudir a un hospital del Estado. En el Hermilio Valdizán trabajaba mi médico, el doctor Leiva, y luego pasé con el doctor Biaggi, con el que he retomado la psicoterapia”.

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Pese a que estudió la carrera de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y que ha sido editora en una reconocida empresa, Lizby decidió que lo suyo era la educación y se dedica a esta actividad desde hace dos años.

“Puede parecer fácil lo que estoy contando, pero ha sido un proceso largo entender el estigma social. Para mí es importante hablar por esta minoría de la que soy parte porque no ha sido tratada con la seriedad que merece. Hay muy poco acceso a la información. Es responsabilidad política, es responsabilidad del Estado velar por salud integral de sus ciudadanos”, dice con énfasis.

Lizby señala que la sociedad piensa que las personas con bipolaridad son disfuncionales, que no encajan bien, que no son confiables, que se victimizan. Y reconoce que antes de su diagnóstico compartía estas ideas.

“Ahora pienso que mi vida habla por sí misma, las pocas personas que conocen mi condición, se sorprenden. Y es que la bipolaridad es como cualquier otra enfermedad al cuerpo. Es contra la que lucho día a día. Ojalá la hubiera detectado antes, para haber acudido por ayuda”, agrega.

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A sus 35 años siente que ha tenido suerte, pues a sus amigos no les molesta hablar sobre salud mental, ellos la apoyan al cien por ciento; sin embargo, Lizby reconoce que hay personas que no corren con la misma suerte: “Hay compañeros que incluso no pueden acceder a un trabajo, debido a los diagnósticos, a los temidos test psicológicos”.

“Si tuviera frente a mí a una persona que está pasando por una situación parecida, le diría que se tranquilice, que sea amable y paciente consigo misma, que no se sienta sola, que primero recurra a una persona de confianza para contarle lo que siente, y que en caso lo vea necesario, recurra a un especialista. Lo importante es no callar y confiar en tu intuición”, dice Lizby, que hoy se arma de valor para sumarse a la protesta simbólica.

“Protesto porque me parece que la salud mental es importante. Es un llamado para que los que afrontamos esta condición sepamos que no estamos solos”.

El “Ayllu” virtual

Lizby y Milton no están solos, pues tan solo haciendo un clic están cerca de su “Ayllu”, un grupo de terapia al que se conectan vía Zoom, debido a la pandemia, y que es liderado por el Departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán, del Ministerio de Salud.

Una vez conectados, los pacientes reciben incluso talleres de empoderamiento. El equipo está conformado por tres médicos psiquiatras, dos psicólogas, tres terapeutas ocupacionales, un terapeuta físico, un terapeuta de lenguaje, diez técnicos en rehabilitación, una enfermera y una nutricionista.

Cuando la pandemia pase, a Milton, Lizby y todo el “Ayllu” los espera una biblioteca, un jardín terapéutico en el que sembrarán plantas medicinales, talleres de terapia artística, un gimnasio nuevo para sus talleres de psicomotricidad y conciencia corporal y una cancha de fútbol.

LIMA, JUEVES 08 DE OCTUBRE DEL 2020
Crónica sobre la situación de los pacientes del departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán y los tabúes que los rodean.
LIMA, JUEVES 08 DE OCTUBRE DEL 2020 Crónica sobre la situación de los pacientes del departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán y los tabúes que los rodean.

El “Ayllu” no conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, ellos celebran el “”, una protesta simbólica con la que buscan ponerle fin a los estigmas de la sociedad. Ni la pandemia los detiene.

“No” a los manicomios

Para el doctor Giancarlo Biaggi, “cabecilla” de la protesta y jefe del Departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán, rehabilitarse es más sencillo desde casa que dentro de un hospital. Indica que solo se recomienda internar a los casos más extremos.

“El internamiento psiquiátrico es algo que cada vez vamos a ver menos: por el estigma manicomial. Antes, los pacientes eran privados de sus derechos como seres humanos: se les quitaba la libertad y pasaban mucho tiempo en un hospital para que se reestablezca, pero en este restablecimiento podían pasar años”, afirma en diálogo con este Diario.

Los pacientes del departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hermilio Valdizán reciben incluso talleres de empoderamiento. (Foto: Anthony Niño / GEC)
Los pacientes del departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hermilio Valdizán reciben incluso talleres de empoderamiento. (Foto: Anthony Niño / GEC)

Biaggi asegura que un internamiento guarda ciertos criterios como que el paciente represente un riesgo para su vida y la vida de los demás. Estos suelen darse cuando se presentan episodios maniacos, psicóticos o depresivos con intento suicidio.

Al médico le molesta que se piense que en los hospitales de salud mental solo acuden personas extravagantes, irracionales y desequilibradas. “Esa es una idea cinematográfica y exagerada de la salud mental. A esta clase de nosocomios llega gente común y corriente que tuvo la valentía y humildad de asumir su vulnerabilidad y pedir ayuda”, señala.

Giancarlo Biaggi, jefe del Departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán. (Foto: Anthony Niño / GEC)
Giancarlo Biaggi, jefe del Departamento de Rehabilitación en Salud Mental del Hospital Hermilio Valdizán. (Foto: Anthony Niño / GEC)

Alta demanda

Biaggi señala que, debido a la gran demanda de pacientes, los médicos han robotizado sus funciones. Muchas veces se les pide que las citas solo demoren entre 10 y 15 minutos con los pacientes recurrentes y 45 minutos con los nuevos.

“En España y en Montreal, países en los que he podido visitar los servicios de salud mental, se le brinda 30 minutos a los pacientes frecuentes y una hora para los pacientes nuevos. Esto quiere decir que mientras que en esos países atienden a 9 pacientes en el día, nosotros tenemos que atender a 18”.

“A los psiquiatras peruanos nos forman para recetar pastillas y no para escuchar. Por eso es importante que dentro de la formación se incluya lo terapéutico. Estamos a tiempo de desaprender eso”, asegura el médico.

"No soy como dicen las noticias", dice cartel elaborado por uno de los paciente de hospital Hermilio Valdizán. (Foto: Anthony Niño / GEC)
"No soy como dicen las noticias", dice cartel elaborado por uno de los paciente de hospital Hermilio Valdizán. (Foto: Anthony Niño / GEC)

De marzo a setiembre, el hospital Hermilio Valdizán, ubicado en el distrito de Santa Anita, ha atendido a 47 mil 673 pacientes, 31 mil de los cuales optaron por una atención virtual. Además, hay 102 pacientes hospitalizados, según datos que hizo llegar a El Comercio la oficina de Imagen del nosocomio.

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