Obra copiada de la original Maria de los Andes, 2000,  de Gerardo Chávez. (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)
Obra copiada de la original Maria de los Andes, 2000, de Gerardo Chávez. (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)
Daniel Goya

“Yo no he pintado eso”, dijo el artista Gerardo Chávez. La imagen hablaba por sí sola. Las líneas, los colores, todo gritaba que habían falsificado su trabajo, que le habían inventado un hijo que no había nacido de sus pinceles.

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En los últimos meses, obras de arte falsas de pintores peruanos han sido comercializadas con la misma naturalidad con la que los libros bambas o películas piratas circulan en todo el Perú.

“A mi padre lo buscan personas para que autentifique las obras que alguien está interesado en comprar y él inmediatamente se da cuenta de que no son suyas. Nos han dado el dato de que hay una persona que cuenta con un almacén con decenas de pinturas falsificadas. Es algo que nos han dicho, pero que no podemos asegurar”, afirma Gerardo Chávez-Maza, el hijo del pintor.

Copia de "Nostalgia de Huachipa, 1993". de Gerardo Chávez. (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)
Copia de "Nostalgia de Huachipa, 1993". de Gerardo Chávez. (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)

En el Facebook del artista, Gerardo Chávez se ha dedicado a subir imágenes de pinturas que llevan su nombre, su firma, pero de ninguna manera su talento. “La última vez fue hace un mes, terminando la cuarentena, se acercó una persona mostrándome una pintura que definitivamente no había sido pintada por mi padre. Él muchas veces quiere hacerle una marca o destruirla, como suele hacerse en estos casos. Pero no podemos hacerlo, no podemos meternos con lo que otra persona lleva al taller”, comenta Chávez-Maza.

Por otro lado, a menos de un año de la muerte de José Tola, su hija Casandra denuncia que han aparecido en los últimos meses tres “lienzos” falsos atribuidos a su padre. “Son impresiones sobre lienzo a las cuales se les aplica un tipo de barniz o cola, para darle textura al tacto. Se les hace pasar como si fueran pinturas antiguas”, comenta.

Casandra Tola también advierte que las falsificaciones no solo están sucediendo con pinturas de su padre, sino que también han usado imágenes de cerámicas de Kantu, para hacer reproducciones sobre papel y les han colocado el sello del taller de Alex Ángeles.

Los precios de algunas de estas obras llegan hasta los 30.000 o 40.000 dólares. “Son precios de mercado, ni siquiera es que las ofrezcan a precios más baratos como para que uno empiece a dudar”, señala Chávez hijo.

Obra original de Nostalgia de Huachipa, 1993.. Oleo sobre tela 114x146 (Colección Particular). (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)
Obra original de Nostalgia de Huachipa, 1993.. Oleo sobre tela 114x146 (Colección Particular). (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)

La imprudencia del deseo

Para el crítico de arte, Jorge Villacorta la proliferación de obras falsificadas en el mercado peruano tiene una explicación: Los compradores no saben lo que compran. “No se trata de copias magníficas. Son pinturas absurdas, torpes. Pero muchas veces a los compradores no les interesa el arte, les interesa la firma, el nombre. Quieren tener un Tola, un Sérvulo o un Llona”, explica.

Villacorta sostiene que existe un desconocimiento generalizado, incluso de coleccionistas, de la obra y el trabajo de los artistas. “Yo he visto colecciones con más de una falsificación y el coleccionista no tenía idea de lo que tenía al frente. En los años ochentas había coleccionistas informados, educados, que sabían lo que adquirían. Pero yo no he visto mayor desconocimiento que en los coleccionistas actuales, con algunas pocas excepciones”, indica.

“Lo que yo veo es que hay obras que no solo son copiadas, sino que hay piezas que quieren hacerse pasar como originales, como si fueran parte del trabajo del artista, pero que no guardan ninguna relación con su estilo. Son cuadros que nunca han existido”, sostiene el crítico. “Un coleccionista, una persona que se preocupa de lo que está adquiriendo debería al menos estar al tanto de si una obra existe o no”, agrega.

Obra original de "Maria de los Andes, 2000, Tierra natural y carbon vegetal sobre tela de yute. 2.00 x 2.50 m". (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)
Obra original de "Maria de los Andes, 2000, Tierra natural y carbon vegetal sobre tela de yute. 2.00 x 2.50 m". (Foto: archivo personal de Gerardo Chávez-Maza)

Maneras de prevenir

Tanto Casandra Tola, como Gerardo Chávez y Jorge Villacorta están de acuerdo en que la mejor manera de asegurarse de que una pintura es auténtica es recurriendo al artista o a la familia del pintor. “En el caso de mi padre, él mismo autentifica sus obras y él mismo puede evaluar las pinturas que las personas estén interesadas en comprar. Hay un trámite y un costo por cada certificación, pero es una manera de estar seguro de que la inversión está bien hecha”, explica Chávez hijo.

“En la sucesión José Tola tenemos un registro de las obras de mi padre que nos puede ayudar a identificarlas, y también podemos poner a los interesados en contacto con algún especialista en caso la procedencia sea dudosa o difícil de identificar. Lo mejor es que las personas no se arriesguen”, complementa Casandra Tola.

“Si a uno le ofrecen una pintura por debajo de su valor, debe sospechar. Si alguien le ofrece una pintura que tiene un vidrio o está enmarcada, debe pedir que se retire el marco y el vidrio, porque muchas veces así es posible detectar alguna cosa fuera de lugar”, aconseja Villacorta.

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